Mijaíl Gorbachov murió en su país en 2022. En los últimos años de su vida fue repudiado por los nuevos líderes de Rusia, notoriamente por Vladimir Putin, quien se negó a asistir a su sepelio. Fidel Castro me explicó, en una conversación en La Habana en 2002, que Cuba “nunca cometerá el error de Gorbachov”. Por el error de Gorbachov se refería a la desaparición de la Unión Soviética y la creación de la Federación Rusa, así como a sus reformas económicas (perestroika) y las reformas políticas (glásnost). El actual presidente de la República Popular China, Xi Jinping, ha dedicado un número asombroso de discursos, largos y farragosos, para explicar los errores cometidos por Gorbachov, al igual que Fidel Castro. En el caso de Xi, un tema central en sus discursos ha sido sobre el control que el Partido Comunista debe mantener sobre el ejército. Quizá esa obsesión explicaría sus frecuentes purgas de todos los altos mandos del Ejército Popular de China.
La discusión sobre la obra y el devenir de Gorbachov toma relevancia ante la situación que actualmente vive Cuba. La discusión y el debate en el círculo cercano de Gorbachov giraba en torno a cómo resolver la crisis existencial que enfrentaba la URSS en ese momento. Con una economía estancada y el desgaste de guerras inútiles que envolvieron el ejército soviético, Gorbachov decidió que era necesario una profunda ruptura epistemológica con el pasado y con la Revolución. Eligió la opción más radical: cambiar el sistema económico y político, simultáneamente.
Cuba enfrenta una crisis existencial y terminal incluso más profunda que la que enfrentaba la URSS en tiempos de Gorbachov. La economía, la política y la sociedad están en un punto límite. Cuba requiere de una respuesta rápida por la gravedad de la situación interna y externa. En el caso ruso, nadie esperaba una acción tan radical y profunda. Tomó por sorpresa al mundo, y el mundo le dio el beneficio de la duda para que viviera su proceso transformativo interno. No existió una intervención externa relevante.
El hecho de que el cambio vivido por Rusia fuera impulsado por las fuerzas internas le otorgó legitimidad y viabilidad desde el inicio. Lo que hizo Rusia posteriormente es cosa de otro análisis. Lo importante ahora es confirmar que Gorbachov decidió que el cambio tenía que ser interno, profundo y radical.
La dirección cubana ha tomado varias decisiones durante los últimos años para introducir ciertas liberalizaciones económicas. Siempre las han eliminado o distorsionado después de cierto tiempo, porque la economía centralizada siempre rechaza la competencia de mercado. Todas las liberalizaciones han sido neutralizadas o eliminadas. Y nunca ha habido el menor asomo de una liberalización política. El partido único es el mueble preferente, siempre colocado en el centro de la sala. Las medidas anunciadas recientemente padecen de la reputación de las anteriores: su credibilidad es poca. Pero el problema no es ése. Los modelos chino y vietnamita de economía de mercado con partido único lograron florecer después de 20 o 30 años de estar bajo construcción. Cuba no tiene el lujo de 20 o 30 años. Ni siquiera tiene dos años.
A pesar de lo dicho por Fidel Castro sobre Gorbachov, y haciendo caso omiso de las diatribas de Xi, la dirección cubana hoy tiene solamente dos opciones posibles ante la inmediatez del precipicio que enfrenta. Una opción es aceptar la inevitabilidad de una transformación económica y política producto de una imposición estadunidense, aliado con la diáspora cubana de Miami, Madrid y otras latitudes. Exactamente cómo se impondrá este modelo no es claro, pero será producto de las presiones económicas continuadas, el descontento interno y quizá alguna acción militar puntual. No es claro. Pero el resultado final será el tutelaje de EU sobre el nuevo gobierno. La otra opción que tiene Cuba es seguir el ejemplo de Gorbachov, justamente para impedir la intervención extranjera. La dirección cubana puede operar una profunda transformación económica y política, su propia perestroika y glásnost, evitando la intervención externa, y apelando a la comunidad internacional para apoyar el cambio con cambios profundos a la Constitución de Cuba. Liberación de los presos políticos y la legalización de partidos políticos y elecciones libres. Bajo esta opción, la dirección cubana tendrá que hacer lo que hizo Gorbachov: negarse a sí misma para ofrecerle un futuro posible a Cuba.
