Al echar un vistazo a algunos diarios europeos he observado que, de manera constante, existe un tema que predomina en la agenda de la región: el crecimiento poblacional y el déficit inmobiliario. La revisión la realicé también en distintos medios electrónicos de fechas anteriores, lo que confirmó la situación que prevalece en esa parte del mundo.
Mi inquietud sobre la materia inició cuando leí una nota publicada en la versión electrónica del diario Le Temps —que circula principalmente en la ciudad de Ginebra y que, para muchos lectores, es el principal diario francófono de Suiza, además de uno de los más prestigiosos del país y de Europa—. El artículo versaba sobre las distintas presiones que se generan en una ciudad de aquel país llamada Nyon, la cual posee características interesantes: es uno de los distritos más dinámicos de Suiza. La tensión, según el periódico, gira alrededor de una deficiente planeación territorial; pasó de ser una localidad pequeña a una de gran atracción económica. Las situaciones que hoy se presentan en ese sitio, transformado por distintas razones, tienen como eje principal el crecimiento poblacional y no únicamente la migración. El incremento pasó de 62 mil habitantes en 1990 a más de 106 mil en 2020, un aumento de 58% en treinta años. Lo anterior ha provocado presiones inmobiliarias, saturación ferroviaria, además del encarecimiento de la vivienda y el auge de un discurso antiinmigrante. Han llegado al punto de impulsar una iniciativa llamada “No a una Suiza de 10 millones”.
No es distinto el escenario que enfrenta Francia. Los periódicos Le Monde y Le Fígaro Immobilier han documentado el déficit inmobiliario como una situación de urgencia nacional, por lo que, a decir del propio gobierno francés, debe acelerarse la construcción y la rehabilitación urbana, especialmente en ciudades como París, Marsella y Toulouse.
Sin embargo, si dirigimos nuestro enfoque hacia otros países de Europa, nuevamente el panorama es similar. Mediante un programa de investigación, Der Spiegel, medio de comunicación alemán, expuso que, a mitad del año pasado, el país germano enfrentaba una escasez de vivienda accesible y un incremento importante en las rentas, aunado a un deterioro habitacional. El diario británico The Guardian documenta, concretamente, lo que sucede en Berlín: alquileres que superan 20% de incremento anual en distintos puntos de la ciudad. Lo anterior la convierte, según el periódico, en la urbe con mayor aumento de rentas en el mundo, lo que reduce la posibilidad de mantener un control razonable de los precios en el sector del arrendamiento.
Medios informativos tanto de Países Bajos como del Reino Unido coinciden en una problemática habitacional semejante; en ambos territorios prevalece la escasez inmobiliaria, las limitaciones de infraestructura y las presiones sobre los servicios públicos.
Como conclusión de toda la realidad expuesta anteriormente, podemos sintetizarla en una pregunta: ¿lo que sucede en esa región del mundo es una crisis de vivienda o una crisis de planeación territorial? Es decir, no debemos permitir que la responsabilidad de la solución recaiga únicamente en identificar que la migración ha aumentado en esos países. Según los propios medios de comunicación consultados, la crisis en realidad se alimenta de la incapacidad de esas naciones para llevar a cabo una correcta planificación del crecimiento urbano. De hecho, en Francia ya asumen una realidad: existe una crisis en el ordenamiento territorial, no una crisis migratoria.
Es claro que Europa presenta un fenómeno de bienestar concentrado en regiones específicas; la migración laboral y residencial, sin duda, acelera su crecimiento. Ciudades como Nyon, identificadas por ser boyantes, exitosas y seguras, enfrentan situaciones complejas por la falta de planeación urbana y no únicamente por la migración en sí misma; es decir, se genera una tensión entre prosperidad y capacidad territorial. Vale la pena identificar todas esas condiciones y considerar que nuestro país ha generado ya ambientes muy favorables en distintas zonas, por lo que no sobra tomar nota lo que sucede en otros lados, traducirlo y proyectarlo en lo que podría suceder en las nuestras.
