El discurso de ayer de la presidenta Sheinbaum empezó con gritos desde la multitud en el Zócalo de “Es un honor estar con Obrador”. Acto seguido, Sheinbaum emuló a López Obrador y pronunció un discurso que era, como los que hacía su mentor, una interesada interpretación histórica de México. Su reinterpretación tiene un hilo conductor: la fuerza de las traiciones que, dice, han definido el curso de la historia nacional.
Empezó Sheinbaum recordando que el cierre de su gira de la rendición de cuentas coincide con la fecha del ingreso del Ejército Trigarante a la Ciudad de México.
Lo más importante de lo que expresó Sheinbaum sobre la presencia del Ejército Trigarante no era que, con su presencia, terminaba la guerra de Independencia. Lo importante del arribo del Ejército Trigarante era que Agustín Iturbide resultó ser un traidor. La angustia y la preocupación por interpretar las traiciones, de antaño y actuales, permean su análisis “histórico” de principio a fin. Insistió en que la Independencia era un movimiento de y para los pobres, siempre enfrentados a las élites extranjeras, rapaces y traicioneras. Concluyó que siendo México un país independiente y soberano, no puede aceptar injerencias de otros países en su territorio. Sólo la Cuarta Transformación es el dique de contención a nuevas traiciones.
Concluyó la Presidenta que en todas las etapas de nuestra historia el conflicto esencial reside en una confrontación entre un pueblo democrático enfrentándose a las élites perversas y siempre contrarias a las necesidades del país. Cuando dijo esto, surgió de nuevo desde la plaza el grito de: “Es un honor estar con Obrador”. Aseguró que la guerra por la Independencia tenía como objetivos alcanzar, además de la independencia, la soberanía, la igualdad social, la democracia y la libertad. Objetivos que siempre fueron resistidos por el traidor Iturbide. También declaró a Porfirio Díaz como traidor a la patria porque retuvo el poder durante 30 años. La Revolución Mexicana fue una epopeya que tenía el propósito de evitar nuevas intervenciones extranjeras en el país. A pesar de esa intención, el general Pershing ocupó el puerto de Veracruz en 1913. El hecho es que, según el relato histórico interesado reseñado en el Zócalo capitalino, la siguiente oleada de traidores a la patria fue por cuenta de los neoliberales. Aunque su léxico sólo alcanza para hablar de las traiciones de Fox y Calderón (seguramente los panistas de la era cardenista también eran traidores a la patria), pues el periodo neoliberal, según reza la narrativa de la 4T, empezó con De la Madrid y terminó con Peña Nieto. Es decir, 36 años de permanentes traiciones a la patria.
Cuando mencionó la elección de López Obrador en el 2018, la multitud de nueva cuenta estalló en gritos: “Es un honor estar con Obrador”. Habló sobre los logros del gobierno de la 4T y señaló que la elección del 2024 produjo como resultado que se eligiera a la primera mujer presidenta: “Llegó la hora de la mujer” dijo, orgullosa. En ese momento la multitud estalló de nueva cuenta con sus gritos y aplausos: “Es un honor estar con Obrador”. La multitud también gritaba en ocasiones “Presidenta, presidenta”. Pero era el grito de quienes sentían la obligación de respetar a quien hizo la invitación a visitar esa plaza. Es claro que tanto los afectos como la identificación del movimiento están en otro lado.
Este evento refleja una realidad que es imposible soslayar. El verdadero cemento del movimiento morenista se respira en el espíritu de quien habita Palenque. Palacio Nacional recibe todas las presiones, pero las grandes decisiones esenciales deben contar con la aprobación de quienes gritan “Es un honor estar con Obrador”. La preocupación por identificar y derrotar a las traiciones es, sin duda, la gran preocupación de ambos polos del movimiento: Palacio Nacional y Palenque. Por esa razón están obligadamente unidos, porque ambos se la pasan mirando sobre el hombro, temiendo una traición fatal.
