Brasil y México en la mira

Las elecciones presidenciales en Brasil, realizadas ayer, van a la segunda vuelta, donde competirán el actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva contra Flávio Bolsonaro. El resultado final se conocerá cuando se realice la segunda vuelta, el próximo 25 de octubre, dentro de tres semanas. La gran sorpresa de la primera vuelta fue que, contra lo que indicaban todas las encuestas, fue Bolsonaro y no Lula quien obtuvo casi 50% de los votos y se posiciona para ganar la presidencia en la segunda vuelta. También se renuevan todas las gubernaturas del país, las Cámaras legislativas federales y estatales. La segunda vuelta es aplicable sólo a la presidencia y a las gubernaturas.  

En México se realizarán en 2027 elecciones federales para la renovación de la Cámara de Diputados, 17 gubernaturas y la renovación de los congresos locales en 31 estados y gran cantidad de municipios y alcaldías de la nación.

Brasil y México son las mayores economías de AL. Los dos países son propietarios de sus empresas petroleras, aunque la brasileña Petrobras es una empresa financieramente rentable mientras la mexicana Pemex está en una situación de bancarrota financiera y técnica. Ambos tienen graves problemas de inseguridad, pues los cárteles de narcotráfico son activos y mantienen un grado importante de violencia y confrontación con las fuerzas del orden. Sin embargo, son los cárteles mexicanos los que mantienen la industria de la producción de fentanilo en todo el mundo. México representa un problema de seguridad nacional para sus vecinos, mientras en Brasil la criminalidad es un problema de seguridad pública. La diferencia es abismal.

El PIB nominal de Brasil es de 2.28 billones de dólares, mientras el mexicano es de 1.83 billones de dólares. Brasil aspira a ser una potencia global autónoma, expresado en su comercio mayoritario con China, mientras México tiene la posibilidad de convertirse en la gran plataforma industrial de América del Norte, gracias a su membresía en el T-MEC. A pesar de lo que indicaría su estructura económica, México se empeña, en su política exterior, en promover el aislacionismo de los organismos internacionales y rechaza la presencia de agencias internacionales en su territorio, manteniendo una relación de alta conflictividad con su socio comercial principal, EU. En cambio, Brasil mantiene un activismo internacional notable, siendo uno de los miembros destacados de la agrupación BRICS. Lula da Silva es una figura siempre presente en las reuniones de la ONU.

Ambos países tienen gobiernos de tendencia de izquierda, aunque Brasil se adscribe a una corriente moderada de izquierda con carácter democrático e institucional, mientras México es gobernado por una izquierda radical que ha transformado su constitución para emular modelos autoritarios. Hoy Brasil y México están aislados políticamente de la gran mayoría de países que no comulgan con su orientación ideológica. Es precisamente por este hecho que sus procesos electorales son tan importantes. Ante la oleada de diversas expresiones de derechas en AL, existe la duda de si lograrán las izquierdas mantener su hegemonía política en los gigantes económicos que representan.

El presidente Trump ha intervenido en muchos de los procesos electorales, favoreciendo a candidatos de las derechas en cada nación. Tanto Brasil como México rechazan abiertamente su intervencionismo, pero temen sus posibles impactos en los resultados electorales. Así que quien gane la segunda vuelta en Brasil, en tres semanas, será indicativo de sí se apartará, o no, de las filas de la izquierda o se mantendrá su representatividad izquierdista durante otros cinco años. Ese resultado será relevante, porque la derrota de Lula, que ahora se anticipa como altamente posible, aislará aún más a México ante el concierto de naciones.

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