El arte de desviar la atención

En política existe una máxima no escrita: quien controla la atención pública controla, en buena medida, el espacio donde se ejerce el poder. Esta máxima explica la existencia de la mañanera como el instrumento central de ejercicio del poder creado por Morena. Sin la mañanera, Sheinbaum no podría dominar a su partido, y mucho menos gobernar a México.

Ella y su partido saben que la atención de la sociedad es un recurso limitado. Una de sus estrategias de control político más utilizadas consiste en desplazar deliberadamente la atención pública hacia un conflicto secundario, un escándalo o una controversia suficientemente intensa para permitir que su verdadero objetivo estratégico avance con la menor resistencia o de forma subrepticia.

En esta semana Sheinbaum mostró un ejemplo de ese intento por orientar la atención del país hacia un conflicto secundario de controversia suficientemente intensa para tratar de permitir que su verdadera preocupación –proteger a la gobernadora de Baja California y a Rocha Moya– no siguieran elevando costos para Morena en las próximas elecciones.

Actuando en consecuencia, la presidenta ordenó el arresto del exgobernador panista de Baja California, Ernesto Ruffo Appel, acusándolo de formar parte de una red criminal dedicada a la delincuencia organizada y al contrabando de combustibles a gran escala. Esta acción del aparato judicial del gobierno ocurre justo cuando su gobierno y partido están inmersos en una profunda crisis porque han sido acusados de los mismos delitos, además de mantener vínculos con el narcotráfico. La crisis interna que enfrenta es tan profunda que amenaza con desintegrar a su gobierno, además de dividir al movimiento que le respalda. Es una crisis que no se puede resolver con una mañanera. El desasosiego gubernamental es monumental. 

Entra en escena la utilidad de un opositor de alta visibilidad acusado de lo mismo, incluso con fotografías de él esposado y encarcelado en Almoloya, mucho antes de la revisión de su caso por un juez del acordeón. No se trata de fabricar un caso jurídicamente sólido. Basta con alimentar una polémica capaz de monopolizar los titulares. Mientras se discute el caso de un “panista famoso” detenido, decisiones de mayor calado pueden ejecutarse casi fuera del campo visual de la opinión pública.

Nicolás Maquiavelo dijo: “Los hombres juzgan generalmente más por los ojos que por las manos, porque todos pueden ver, pero pocos pueden tocar”. La observación conserva una extraordinaria vigencia. La política es, en buena medida, una disputa por definir qué ve la gente. Sun Tzu desarrolló el mismo principio desde la estrategia militar. En El arte de la guerra escribió que “toda guerra se basa en el engaño”. Su propósito era explicar que la victoria depende de inducir al adversario (la sociedad, en este caso) a interpretar incorrectamente la realidad.  

Hoy la disputa política transcurre a través de las pantallas de televisión, los portales digitales y las redes sociales. Allí se libra una competencia sin cuartel por ocupar la conversación pública. El arresto de Ruffo tiene el propósito de ser permanentemente magnificado para que pueda atraer durante días la atención informativa del país. Induce la ceguera social.

Mientras eso ocurre, el plan gubernamental del encubrimiento y protección a Rocha, a la gobernadora de Baja California y a otros narcopolíticos avanza sin escrutinio ciudadano. Le cae como anillo al dedo a Sheinbaum la invitación que le hizo Trump para que asista al partido final del Mundial. Ahí no habrá abucheos, y le sirve como “disfraz de normalidad” para encubrir su proyecto político de progresivos pasos hacia el control autoritario sobre la totalidad del país.

Quien logra imponer el tema del día condiciona el debate público. De ahí la aplastante eficacia de las mañaneras. La influencia de las redes sociales ha intensificado este fenómeno. La pregunta no es si existe un escándalo, sino ¿qué está sucediendo tras bambalinas mientras un escándalo secundario ocupa toda la conversación pública y desvía la atención pública sobre las acciones subversivas del poder? El arte de la distracción no es una técnica de manipulación aislada, sino una manifestación del ejercicio del poder. Maquiavelo comprendió la importancia de las apariencias; Sun Tzu enseñó que el engaño estratégico podía decidir una guerra antes del combate. Quien controla el foco de la mirada colectiva dispone de una ventaja decisiva.

Le corresponde a la sociedad mexicana con afán democrático cultivar su capacidad crítica ante la intensificación de fenómenos de escándalo público, por sus dobles y triples fondos. ¿Cómo debe oponérsele cuando el poder pretende imponer sus narrativas a la sociedad,  encubriendo sus verdaderos proyectos de control? El caso de Ruffo es claro: sirve como distractor para que el poder pueda resguardar a sus dirigentes declarados narcopolíticos, cuidándolos y asegurándoles protección ante las fuerzas que pudieran, directa o indirectamente, destruir su movimiento. El poder huele que su destrucción lo acecha.