¿Diálogo real o simulado sobre Mixcoac?
Parte de la oposición vecinal surge de las críticas técnicas que se le pueden hacer al proyecto y la falta de respuestas claras.

Ricardo Pascoe Pierce
En el filo
Hay dos grandes problemas con el proyecto del paso a desnivel (en realidad un túnel de más de un kilómetro de largo, con ramificaciones) en el crucero Insurgentes–Río Mixcoac. Uno es de diseño y el otro se refiere al método.
Sobre el diseño del proyecto existen ideas, si no opuestas, sí diferentes sobre cómo resolver los problemas de vialidad en un crucero conflictivo. Nadie duda de su conflictividad. El problema estriba en la definición del mejor proyecto, no sólo para los automotores, sino también para las personas que viven en la zona y el entorno social.
En 2008 se presentó un proyecto que permitía el flujo vehicular siguiendo el camino de los carriles actualmente existentes, pero con el paso a desnivel de dos carriles para agilizar el flujo en el crucero. Tenía el propósito de facilitar el paso rápido debajo de Insurgentes, y evitar el congestionamiento que ahora se tiene en ese crucero.
Ahora se ha producido un proyecto mucho más complejo de un paso a desnivel de doble piso, con salidas aledañas diversas, incluyendo hacia Barranca del Muerto, con tres carriles. La implicación del proyecto es que, para materializarse se tienen que derribar árboles y eliminar áreas verdes sobre Río Mixcoac–Churubusco y Barranca del Muerto. Los impactos reales de este nuevo proyecto son difíciles de predecir, en virtud de que un congestionamiento en una avenida puede provocar otro muchos metros atrás. Por ejemplo, si hay mucho tráfico en el crucero de Barranca del Muerto e Insurgentes, eso puede provocar una acumulación de tráfico dentro de la vía rápida subterránea de Insurgentes–Mixcoac debido a su nueva interconexión “rápida”. De repente surge la posibilidad de congestionamientos…subterráneos.
Parte de la oposición vecinal surge de las críticas técnicas que se le pueden hacer al proyecto. Pero, otra parte de la oposición proviene del hecho de que el Gobierno del Distrito Federal no ha podido, o querido, informar a plenitud sobre el conjunto del proyecto. Esto nos refiere al segundo problema: el del método. Siempre llama la atención de los ciudadanos, y hace que se eleve inmediatamente la suspicacia, cuando las autoridades acuden a explicar un proyecto, dando información a cuentagotas y claramente evadiendo dar respuestas claras.
El hecho de que, en este caso, ha habido una información fragmentada, imprecisa y, a veces, contradictoria, no hace más que profundizar la oposición vecinal al proyecto. Máxime cuando los coordinadores de los Comités Ciudadanos de las colonias circundantes (Xoco, Mixcoac, Insurgentes Mixcoac, Acacias, San José Insurgentes, Merced Gómez, Del Valle I y Actipan) firmaron un documento con las autoridades que, en esencia, da el aval vecinal al proyecto, y que incluye el derribo de 855 árboles y 89 trasplantados, según consigna un reportaje publicado en Excélsior. El pequeño detalle es que la reunión se realizó sin consulta previa, y menos posterior, con los vecinos de las colonias mencionadas. Es decir, los coordinadores se fueron por la libre para estampar su firma en el documento. El efecto que ha tenido la noticia es el de provocar la ira vecinal contra los coordinadores de los Comités Ciudadanos, confirmando la idea de muchos de que esa instancia es demasiado susceptible a la manipulación gubernamental. Y, con ello, se abre una grieta por la que seguramente surgirán otros grupos buscando una representación vecinal más auténtica y que llevará a que los opositores reclamen para sí una mesa propia para hablar con la autoridad.
El error de método que aplica la autoridad estriba en no ser claro ante la comunidad a la hora de explicar sus proyectos. Este error enrarece lo que ocurre en materia de desarrollo urbano en toda la Ciudad de México. En este sentido, lo que sucede con el paso a desnivel de Insurgentes–Mixcoac es una réplica de lo que acontece normalmente en toda la ciudad. En este caso, existen tres posiciones dentro de la comunidad sobre la obra. Una posición considera que el proyecto debiera rechazarse, dejando las cosas como están en la actualidad. Una segunda posición considera que debiera aceptarse íntegramente la propuesta del gobierno, mientras que la tercera estima que el proyecto final pudiera quedar en algún punto intermedio entre las dos propuestas: la del 2008 y la actual. Esta última posición me parece la más adecuada, siempre y cuando surja un proyecto producto de las consideraciones técnicas, constructivas, urbanísticas y vecinales que han sido planteadas en el transcurso del proceso. Esto obviamente implicará un retraso en la obra, pero finalmente resultará mejor para todos.
Lo importante es crear condiciones para un reencuentro entre comunidad y gobierno.
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