El desprecio por la democracia

En EU, el Presidente apoya abiertamente a grupos racistas

En vísperas de la elección para determinar la presidencia de los Estados Unidos de América, parece que lo que está en juego es más bien el futuro del país más poderoso del mundo. Y es que no podría ser de otra manera, mientras existe un patrón en muchas naciones occidentales en el cual se vota y se elige democráticamente a candidatos que, irónicamente, desprecian la democracia.

No por nada tenemos mandatarios en ambos lados de la frontera que abiertamente amenazan con desconocer los resultados electorales cuando no les favorecen. Para ellos los votantes simplemente son instrumentos para acumular y mantener el poder. Para justificar sus decisiones antidemocráticas, aduciendo la voluntad popular.

En el fondo, con su limitado concepto de democracia, piensan que la victoria obtenida en las urnas les da derecho a deshacer todo lo construido en el pasado. Al igual que algunos políticos e “intelectuales”, no logran visualizar que no se trata solamente de votos y de la tiranía de la mayoría.

La democracia verdadera —sustancial, le llamaría el italiano Luigi Ferrajoli— es mucho más que eso. Se basa en principios fundamentales como los controles del poder, en los pesos y contrapesos que permiten el correcto desarrollo institucional, en la toma de decisiones a base de consensos y, sobre todo, en la protección de los derechos humanos. Del principio de legalidad y del Estado de derecho.

Cuando vemos al presidente López Obrador haciendo consultas sin metodología para justificar sus —ilegales— decisiones, o cuando le llama “prensa fifí y conservadora” a cualquiera que lo ataca o duda de su palabra, o cuando justifica la poca transparencia de su gobierno, en el fondo existe un desprecio por la democracia que hemos construido con sudor y sangre.

En Estados Unidos vemos lo mismo. Un presidente que apoya abiertamente a grupos racistas. Que insulta a cualquiera que piensa diferente a él. Que busca saltarse las instituciones que se han creado y funcionado por décadas. Que no entiende qué son los derechos humanos.

Ese “nuevo” grupo de mandatarios que llegaron al poder de forma democrática, pero que en el fondo la desprecian, consideran inferiores e intelectualmente manipulables a sus votantes. No conciben que los ciudadanos les puedan negar el voto a sus “transformaciones”. Por eso buscan explotar sus miedos y emociones. No toleran la pluralidad de ideas, ni la existencia de instituciones independientes.

Se les olvida que fueron oposición y justamente exigían lo que hoy ignoran. Para ellos, el derecho y la ley sólo son un concepto vacío que sirve para discursos políticos o para los opositores. ¡Ellos son el derecho y la ley! Su —autoproclamada— autoridad moral y su investidura —piensan— los excluye de las reglas a las que los demás estamos sujetos. El tema es simple. Si la democracia se basara sólo en mayorías, se destruiría a sí misma, como se pretende hacer por aquellos que la desprecian. Los límites sirven para canalizarla y encausarla. Para no permitir que un individuo abuse del sistema.

De ahí lo fundamental del voto pensado y razonado. Le toca al pueblo estadunidense ejercerlo en los próximos días y defenderlo en caso de ser necesario. Si escogimos vivir en democracia, es nuestra responsabilidad no permitir ser gobernados por quien la desprecia.

*Maestro en Administración Pública por la Universidad de Harvard y profesor en la Universidad Panamericana.

Twitter: @ralexandermp

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