¿De quién es la responsabilidad de la fecundidad en México?

Raymundo Canales de la Fuente
Bioética y biopolítica
Se publicó hace unos días el informe de la encuesta intercensal del Inegi con resultados del 2025. Desde hace mucho tiempo el censo en México ocurre cada 10 años y se diseñó entonces una encuesta entre cada censo para conocer algunos detalles de la dinámica de la población, llamada encuesta intercensal. Es el caso de los resultados que se están comentando en todos los medios, porque hay cifras que llaman mucho la atención. Cito como uno de los ejemplos más importantes el cambio tan grande en la tasa de fecundidad, que la podemos entender de manera fácil como el promedio de hijos por mujer en edad fértil, que en 2019 se reportaba en 1.9 (que se requiere una cifra de 2.1 para mantener estable a la población) y en 2025 se consigna una cifra de 1.2, muy por debajo de muchos países con más nivel de desarrollo. Representa una caída de casi 38% en muy poco tiempo. Al paso que vamos, si la tendencia sigue igual, tendremos los enormes problemas que han enfrentado muchos países europeos de una enorme proporción de población envejecida que requiere cuidados de salud, frente a una proporción insuficiente de jóvenes productivos. Eso trae aparejado un dilema económico mayúsculo que no resulta nada fácil resolver.
Frente a esta realidad, he visto en diversos textos y comentaristas un concepto que me parece equivocado. Responsabilizan casi exclusivamente a las mujeres del fenómeno, como si ellas fueran las únicas responsables del hecho reproductivo. Es cierto, y lo defiendo a capa y espada, que ellas deben decidir el mejor momento para la maternidad, en caso de que quieran tener descendencia, pero me parece que el fenómeno es cultural y atraviesa a todas las personas que conformamos el México de hoy. A mí me tocó apreciar, cuando terminaba la especialidad en ginecología y obstetricia, cifras que empezaban a disminuir en fecundidad, pero estaban todavía por encima de lo razonable para las familias de aquella época, y la articulación por parte del gobierno de campañas muy sólidas para propiciar el uso de métodos de control de la fertilidad por parte de hombres y mujeres. El esfuerzo fue sostenido por muchos años, hasta el gobierno de Vicente Fox (panista en aquella época) que dejó de apoyar los programas. Todas y todos nos atemorizamos por la posibilidad del incremento en la fecundidad, pero lo que estamos viendo ahora es que las campañas sostenidas a lo largo de tantos años, consiguieron incorporar a los métodos de control de la fertilidad, como parte de la cultura y, desde luego, eso incluye a hombres y mujeres. Mi conclusión personal es que no es “culpa o responsabilidad de nadie” la dramática baja en la fecundidad, sino que es un fenómeno multidimensional en el que participamos todas y todos; además, enfrentamos hoy un mundo de una competencia encarnizada, dificultades grandes en la obtención de altos niveles de desarrollo personal y sociedades que enfrentan dilemas tan graves como el cambio climático. Todos esos factores de forma clara influyen en el uso que hace la población de los métodos.
Sólo existe una población con resultados contradictorios y es tristemente la que se encuentra entre los 11 y 19 años. La maternidad adolescente aparentemente se ha incrementado y constituye el día de hoy 10% de los nacimientos. Ese drama debe ser atendido de forma urgente y de formas mucho más efectivas. Sí hemos progresado, pero no lo suficiente, en ese rubro.