Los fideicomisos
Los proyectos deben seguir funcionando para que se puedan obtener resultados tangibles en el corto, mediano y largo plazo
Dando por cierto el argumento central de la Cuarta Transformación en el sentido de que los fondos del Estado destinados a muchos fideicomisos eran o son objeto de corrupción, es de sentido común que para suprimirlos se requiere de un análisis pormenorizado de cada uno. Así se podrán tomar decisiones adecuadas, buscando, por supuesto, no afectar a los que operen de manera transparente y resulten indispensables para el desarrollo científico y tecnológico.
Desde el inicio de la actual administración se ha colocado atención pública en un tema sustantivo en relación con la extremadamente baja inversión en ciencia. Es de todos conocido el hecho de que los países con esas características son evidentemente mucho más dependientes y, por tanto, presentan economías más débiles y susceptibles a los caprichos de países fuertes.
Justamente en este espacio he defendido la necesidad urgente de que México debe incrementar la inversión en diversos campos científicos con las miras puestas en sortear la debacle económica que hoy se agudiza por la pandemia.
Imaginemos siquiera tener hoy diez veces más científicos trabajando en inmunología, científicos capaces de ponernos al filo de un hallazgo nuevo para el tratamiento de la infección, si así fuera, simplemente no estaríamos esperando que se generen en el extranjero para comprar a precio de oro el tratamiento que surgirá de esos laboratorios de investigación científica.
Sin embargo, no toda la solución será la vacuna. Para que realmente este argumento impacte a los políticos se requiere que dichos personajes entiendan, y ahí está nuestro talón de Aquiles.
El nivel educativo de nuestra clase política es muy básica y elemental; los más educados provienen de posgrados en administración pública o economía y los demás con mucho trabajo han terminado alguna licenciatura.
Bajo estas condiciones, simplemente no entienden y no quieren entender la aportación de la ciencia a la sociedad. Estoy seguro de que se imaginan la ciencia como un gasto superfluo cuyo producto final es la diversión de un grupo social minoritario, que son los científicos.
Son por completo incapaces de entender las razones por las que el expresidente Obama inició bajo su mandato un enorme proyecto para desentrañar el funcionamiento del cerebro humano; no les dan sus elementales razonamientos para comprender que la sociedad que genere dichos conocimientos va a poseer una mina de oro gigantesca.
Entonces, ahora, no solamente van a desaparecer los fideicomisos, sino están abandonando los apoyos a actividades tan fundamentales tratándolas como otro rubro de la burocracia. Tampoco están proponiendo soluciones y mecanismos claros para, evitando la corrupción, asegurar el presupuesto indispensable para que el desarrollo científico pueda continuar sin interrupciones.
- Uno de los puntos torales, hablando de desarrollo científico y tecnológico, es que los proyectos deben seguir funcionando para que se puedan obtener resultados tangibles en el corto, mediano y largo plazo. El científico no es un burócrata más y no puede ser tratado como tal.
A sabiendas de que es mucho pedir, ojalá entiendan.
