Bajo deseo sexual femenino
Históricamente, la respuesta sexual femenina ha sido poco estudiada; hasta hace pocos años un par de investigadores Masters y Johnson colocaron en el laboratorio modelos para estudiarla y se hicieron las primeras descripciones de las diversas fases por las que transcurre ...
Históricamente, la respuesta sexual femenina ha sido poco estudiada; hasta hace pocos años un par de investigadores (Masters y Johnson) colocaron en el laboratorio modelos para estudiarla y se hicieron las primeras descripciones de las diversas fases por las que transcurre una mujer, desde la excitación hasta el orgasmo, con la enorme cantidad de fenómenos asociados.
En general en las sociedades occidentales, patriarcales por definición y con rasgos más o menos notorios de misoginia, es un discurso no agradable, porque establece a la mujer como sujeto activo de su historia y con capacidad plena de disfrute y goce. El actuar masculino indeseable tiende a controlar las circunstancias y las conductas de quien se siente superior, de ahí la molestia e, incluso, las descalificaciones, tachando de “pecaminosos” los pensamientos que manifiestan deseo sexual en una mujer, cuando se trata de un fenómeno perfectamente fisiológico y normal.
La manifestación de la actividad sexual en hombres y mujeres va cambiando a lo largo de la vida porque, como cualquier otra actividad humana, está sujeta a las condiciones sociales, familiares, parentales y de pareja, de tal forma que tiene diversos grados de intensidad y satisfacción. Es un hecho conocido que en los meses posteriores al nacimiento de un hijo, los hombres y las mujeres disminuyen tanto el deseo como la actividad sexual, comparada con la que tenían previamente. La explicación del fenómeno no parece trivial, existen muchos argumentos conscientes e inconscientes que asocian, en ese momento, a la sexualidad como la “causa” del trabajo interminable que significa la crianza. Otro ejemplo de un cambio muy frecuente es alrededor de la menopausia y la andropausia, en las que además de una disminución patente de las capacidades físicas, aparecen las enfermedades crónico degenerativas que tienen diversos impactos sobre la respuesta sexual; adicionalmente, hay cambios relativos al funcionamiento de las parejas; los hijos crecen, se independizan, la comunicación en la pareja se rompe o se fortalece.
En este contexto, en el que una sexualidad sana puede significar una aportación a la estabilidad de las mujeres, el hecho de que aparezca un fármaco con la capacidad de mejorar el deseo o el desempeño en esta fuente tan importante de satisfacción parece, francamente, motivo de celebración; puede mejorar la calidad de vida de millones de mujeres, por lo que me sorprenden las recientes declaraciones del titular de la Cofepris, Mikel Arriola, en el sentido de manifestar especial reticencia y precaución respecto de la flibanserina, la cual, incluso, ya recibió la aprobación de la agencia regulatoria norteamericana (FDA). No estoy por la labor de reconocer a las agencias extranjeras por encima de nuestras leyes y normas, pero en México tenemos una serie de mecanismos fast-track para aprobar fármacos y dispositivos de uso médico cuando han sido aprobados por dicha agencia; de hecho hay en el mercado en nuestro país fármacos nuevos, con poca experiencia en relación a los riesgos, pero útiles y que se han aprobado mediante estos mecanismos rápidos. Mi postura es que debemos apelar a la misma rapidez y eficacia para lograr que dicho fármaco ingrese al mercado mexicano. Como médico del Instituto Nacional de Perinatología estoy dispuesto a conducir algún ensayo controlado para demostrar la seguridad de la molécula en nuestro medio. Ojalá contemos con ella pronto.
