Desde hace varios años, diferentes voces en la academia han advertido sobre la volatilidad cognitiva que ocasiona inestabilidad, fragilidad y falta de concentración en los procesos de pensamiento y atención de nuestros niños y jóvenes a causa del uso desmedido de las tecnologías celulares.
La escuela está concebida como un espacio para la reflexión, la interacción social y el desarrollo del pensamiento crítico; pero ello se ha visto afectado por la irrupción de la tecnología.
Y es que la hiperconectividad lejos de potenciar la capacidad de análisis de los estudiantes, ha dispersado su atención para el aprendizaje significativo debido al efecto adictivo del uso de redes sociales y la gratificación instantánea que les proporcionan los juegos en internet.
De manera reciente fueron dados a conocer los resultados de la Consulta Nacional Sobre Uso y Regulación de Dispositivos Digitales en Educación Básica. Se trató de un cuestionario a más de 650 mil docentes de todo el país, que arrojó datos contundentes: alrededor de 79% de los maestros reportaron haber observado en sus alumnos dificultades para mantener la atención, recordar información, resolver problemas, regular emociones o afrontar situaciones de frustración, así como cansancio o somnolencia. La principal causa de estos problemas es atribuida al uso excesivo de dispositivos digitales.
Frente a la situación planteada, 81% de las y los maestros apoya una intervención institucional que devuelva a las aulas su naturaleza esencial, como un espacio protector del intelecto y la creatividad.
Frente a ello, con el fin de combatir esta problemática y salvaguardar el interés superior de la niñez, el gobierno federal emitió un acuerdo para que a partir del 3 de noviembre de este año se aplique una restricción absoluta en el uso de teléfonos celulares, dispositivos inteligentes y equipos electrónicos personales durante toda la jornada escolar —incluyendo los periodos de recreo— en todas las escuelas de educación básica —públicas y privadas— de todo el país.
En cuanto a la educación media superior y educación superior, el acuerdo establece que se fomentará el uso responsable de dichos dispositivos inteligentes, mediante procesos de consulta, diálogo y construcción de acuerdos con la comunidad educativa, respetando la autonomía universitaria.
La determinación adoptada por México se suma a la tendencia internacional, donde diversos países como Francia, Italia, España, Portugal, Reino Unido y Países Bajos ya han restringido el uso de estos dispositivos en las aulas para combatir la baja en los rendimientos escolares y frenar los casos de acoso escolar digital.
Las acciones tomadas por la autoridad son de suma relevancia, pues lejos de constituir una medida punitiva o una restricción caprichosa a las libertades de los estudiantes se busca que los maestros estimulen aquello que las máquinas nunca podrán ofrecer: acompañamiento, diálogo, orientación, discusión, interacción humana, formación de criterio y desarrollo armónico.
Nunca habíamos tenido acceso a tanta información. Sin embargo, más información no significa necesariamente mayor conocimiento. Los docentes deberán enseñar a los alumnos para que aprendan a utilizar las nuevas tecnologías de manera responsable, crítica y creativa.
La idea central puede formularse así: vivimos en una época en la que las máquinas pueden producir respuestas; la educación debe enseñar a las personas a construir criterio.
Como Corolario, la frase del filósofo Byung-Chul Han: “Vivimos la era del smartphone: conectados a la red, desconectados de la vida.”
