Reelección y democracia
Poca gente sabe que en las elecciones del año próximo la ciudadanía deberá elegir a diputados federales y senadores que podrán reelegirse para ejercer sus funciones hasta por doce años. Es decir, a partir de 2018 los diputados podrán ser electos hasta por cuatro ...

Raúl Contreras Bustamante
Corolario
Poca gente sabe que en las elecciones del año próximo la ciudadanía deberá elegir a diputados federales y senadores que podrán reelegirse para ejercer sus funciones hasta por doce años.
Es decir, a partir de 2018 los diputados podrán ser electos hasta por cuatro periodos consecutivos y los senadores hasta por dos. En el ámbito de las entidades federativas también podrán ser reelegidos los diputados y los integrantes de ayuntamientos.
Lo anterior es resultado de los acuerdos partidarios celebrados durante el llamado Pacto por México, que permitió que el 10 de febrero de 2014 se modificaran diversos artículos de la Constitución —entre otros— el artículo 59.
Dicho precepto constitucional dispone para la procedencia de la reelección que ésta deberá ser mediante la postulación realizada por el mismo partido o por cualquiera de los partidos integrantes de la coalición que los hubieren postulado, salvo que hayan renunciado o perdido su militancia antes de la mitad de su mandato.
Los partidos políticos se despacharon con la cuchara grande y no establecieron limitación alguna a los legisladores electos, según el principio de mayoría relativa, ni a los elegidos, según el principio de representación proporcional.
O sea que una persona propuesta como candidato plurinominal podrá reelegirse varias veces sin que haya tenido que hacer campaña ni desgastarse con hacer promesas y comprometerse ante la ciudadanía.
Resulta obvio imaginar que los más favorecidos serán los dirigentes de los propios partidos políticos, quienes son los que determinan la integración de las listas plurinominales.
Cuando en la reforma política de 1977 se crearon estas figuras plurinominales, se pensó que éstas servirían para asegurar el acceso a las Cámaras de académicos y especialistas, que por su perfil y actividad quizá no podrían ganar una elección de mayoría, pero ayudarían a la redacción de las leyes.
Pero al paso de los años, los primeros lugares de las listas plurinominales han sido para los principales dirigentes partidarios que, de esta forma, aseguran su curul o escaño.
Así, de manera sorpresiva, en días pasados durante los trabajos de la Asamblea del Partido Revolucionario Institucional, en una de sus mesas de trabajo los militantes de base impusieron cambios sustanciales a sus Estatutos para establecer que ningún legislador —sea diputado o senador— de representación proporcional podrá ser postulado para el periodo inmediato por la misma vía.
De esta manera, se busca cerrar la posibilidad a que aquéllos que hayan sido diputados o senadores plurinominales pretendan llegar a reelegirse otra vez por el mismo principio. En este sentido, el Consejo General del Instituto Nacional Electoral avaló dicho cambio estatutario del PRI, aunque aún existen voces discordantes.
La importancia de democratizar los procesos internos de los partidos políticos —sea cual sea— estriba en que esos institutos políticos son un puente imprescindible entre los ciudadanos y el Estado.
Lo anterior permitiría que la militancia tenga más posibilidades de acceder a las candidaturas y que exista mayor capilaridad social dentro de los partidos.
Lo decidido en el interior de un partido —con base en sus procedimientos internos básicos— es un pronunciamiento democrático del cual convendrá observar su final desenlace.
Como Corolario, la frase de Thomas Jefferson: “Derechos iguales para todos, privilegios especiales para ninguno”.