La situación hídrica de Chihuahua encierra una paradoja. De acuerdo con el Monitor de Sequía de la Conagua, sólo 11.9% de la superficie estatal presenta sequía moderada y 28% se encuentra anormalmente seca. Sin embargo, el almacenamiento de las principales presas es crítico, mucho menor que hace un año y de los más bajos de la historia.
La Boquilla, la presa más relevante del estado, tenía en septiembre de 2025 un almacenamiento de 37.3%, equivalente a 1,062 millones de metros cúbicos (Mm³). Actualmente se encuentra en apenas 23.8%, con 678 Mm³.
El bajo nivel con el que La Boquilla cerró 2025 obligó a restringir el ciclo agrícola de 2026: sólo pudo regarse alrededor de 40% de las 84 mil hectáreas de los distritos de riego 05 y 113. Las lluvias de este año no han sido suficientes para compensar el déficit hidrológico acumulado. Chihuahua salió del rojo en el Monitor de Sequía, pero no de la crisis del agua.
2027, UN CICLO AGRÍCOLA EN RIESGO
El nivel actual de las presas anticipa un escenario todavía más complejo para 2027. La diferencia respecto del año anterior supera los 384 Mm³ y, además, debe considerarse la pérdida de capacidad provocada por los azolves acumulados durante décadas, estimada en más de 130 Mm³.
Si no se recuperan de manera significativa los almacenamientos, existe un riesgo real de que el próximo ciclo agrícola de riego enfrente restricciones aún mayores e, incluso, que se cancele con considerables consecuencias económicas y sociales para la región.
El problema no se limita a Chihuahua. Las presas internacionales del río Bravo también presentan niveles críticos: Falcón se encuentra a 11.7% de su capacidad y La Amistad a 4.8%. A la presión climática se suma la obligación de México de atender los compromisos establecidos en el Tratado de Aguas de 1944 con Estados Unidos.
Al cierre del ciclo concluido en octubre de 2025, México había entregado 1,091 millones de metros cúbicos, equivalentes a 50.6% de los 2,148 millones comprometidos. De ese volumen, el río Conchos aportó 464.9 Mm³, cerca de 42 por ciento. En diciembre de 2025, ambos gobiernos acordaron la liberación de 249.2 Mm³ adicionales. Hubo aportaciones del Conchos por escurrimientos naturales, pero no se abrieron las presas por sus bajos niveles; la mayor parte del agua provino de las presas El Cuchillo y Marte R. Gómez.
LA LLUVIA, ÚLTIMA VARIABLE
El futuro hidrológico de la región depende ahora de las precipitaciones que se registren al final de la temporada. En Chihuahua, los mayores volúmenes suelen concentrarse entre julio y septiembre, aunque todavía pueden presentarse lluvias relevantes durante los primeros días de octubre.
Para recuperar La Boquilla y Las Vírgenes se requeriría un verdadero “golpe de agua”. La experiencia histórica obliga a mirar hacia el Pacífico: nueve de cada 10 ciclones que impactaron directamente la cuenca del Conchos entre 1949 y 2013 procedieron de ese océano. Sin embargo, los fenómenos recientes no han generado los aportes necesarios. Polo cruzó Baja California y el Mar de Cortés, entró por Sonora y se debilitó al tocar la Sierra Madre Occidental; sus remanentes sobre Chihuahua fueron mínimos. El actual huracán Raquel en el Pacífico, por su parte, mantiene una trayectoria de alejamiento del país.
El panorama, por tanto, sigue siendo preocupante. Sin lluvias extraordinarias que recuperen los niveles de las presas, Chihuahua podría enfrentar en 2027 mayores restricciones al riego agrícola, mientras México tendría un margen cada vez menor para cumplir sus compromisos internacionales. La combinación de presas deprimidas, déficit acumulado y obligaciones binacionales reduce las opciones disponibles. El margen de maniobra se estrecha y la crisis hídrica podría entrar en una etapa todavía más crítica.
