¿Y si ya no funciona el cerebro?

Todo por servir se acaba, y acaba por no servir. Refrán popular Mi querido viejo, en ...

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

                      Todo por servir se acaba, y acaba por no servir.

                                                                         Refrán popular

Mi querido viejo, en estas líneas hemos platicado de uno de los temores o miedos más importantes a nuestra edad: el temor de que nuestro cerebro ya no funcione.

Porque podemos tener obesidad o delgadez, dolores reumáticos o problemas de los dientes, calambres, catarros, qué se yo, pero pensar que nuestro cerebrito deje de funcionar es algo temido por todos.

Y por eso quiero compartir la información que tenemos respecto a cómo funciona y cómo deja de funcionar nuestro cerebro. Seguramente te has admirado de lo que puede contener esa masa de un kilo que llevas en la cabeza, porque millones de células están trabajando día y noche, se unen y se comunican entre sí, organizan todas las acciones de tu cuerpo y los pensamientos de tu mente.

Y si has sido sano, si has cuidado tu salud, tu alimentación, tu ejercicio y tu descanso, el cerebro seguirá funcionando bien.

Pero un día resulta que tal vez estés preocupado porque te cuesta trabajo recordar los nombres propios, incluso de la familia o los amigos, o que de pronto no sepas dónde dejaste las llaves o la cartera o que al hablar no puedas recodar lo que estás diciendo, y eso te ha ocasionado una de las mayores sensaciones de enfermedad y muerte: ¡Tengo Alzheimer!, habrás pensado.

Y es que esta enfermedad, que se menciona cada vez con más insistencia, se acompaña de un deterioro que puede ser fatal.

Querido viejo, ¿qué piensas si te digo que lo que tienes se llama anosognosia?

Anosognosia es una condición que indica el no darse cuenta de lo que ocurre. 

La mitad de los mayores de 50 años presenta alguna falla, pero es más de la edad que de la enfermedad; quejarse sobre fallas de la memoria es un hecho muy frecuente en personas de 50 años de edad para arriba.

Si hay anosognosia se traduce en: no poder recordar el nombre propio de un individuo, de entrar a una habitación sin saber qué se iba a buscar, olvidar el título de una película, dónde se dejaron los anteojos o las llaves.

En estas edades, más de la mitad de los adultos presenta esta dificultad, lo cual indica que, más que una enfermedad es una característica de los años que se tienen.

Quien es consciente de padecer de olvidos es quien no tiene problemas serios de memoria, ya que quien padece una enfermedad y no se da cuenta de lo que ocurre, efectivamente sufre el Alzheimer y no tiene registro de lo que efectivamente le pasa, sólo los familiares se dan cuenta de que su cerebro no funcional.

De modo que la buena noticia es que cuanto más te quejes de tu memoria, menos probabilidades tendrás de sufrir Alzheimer y tienes solamente anosognosia.

Este documento está dedicado a los olvidadizos que recuerdo, y si se olvidan de copiárselo a alguien, quédense tranquilos, porque no es Alzheimer... son años.

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