Una reflexión profunda
Mi querido viejo: lo que quiero conversar contigo es algo muy importante, que merece una reflexión profunda, más allá de argumentos sentimentales o religiosos; aquí hemos abordado todos los temas con la mayor claridad y el mayor respeto, y éste, que escribo al recordar ...
Mi querido viejo: lo que quiero conversar contigo es algo muy importante, que merece una reflexión profunda, más allá de argumentos sentimentales o religiosos; aquí hemos abordado todos los temas con la mayor claridad y el mayor respeto, y éste, que escribo al recordar lo acontecido con un hombre que conocí, respetado padre de familia, que un día supo que tenía un cáncer incurable y tomó la decisión, que comunicó a su familia, de terminar tranquilamente su vida.
Este asunto puede ser motivo de controversia, pero es una realidad; para mí, corredor de toda la vida, el ejemplo más claro de esta decisión es la vida de Emiel Pauwels.
Emiel Pauwels nació en Bélgica en 1918 y toda su vida fue un gran atleta, representó a su país en numerosas ocasiones; y ya en la tercera edad, de los 70 a los 80 años, fue campeón de los 800 metros, de los 1,500, de los 5 mil, los 10 mil y aun los especiales de Steeplechase; y todos los noticieros deportivos grabaron y publicaron los videos de una de las últimas carreras de Emiel en 2013, a los 95 años, contra un viejo como él, Ilmari Koppinen, de Finlandia, en una pista de San Sebastián, en España, en la que le ganó a Ilmari un duelo de 60 metros.
Pues bien, Emiel, con una vida así de productiva y feliz, supo que tenía un cáncer del estómago, que avanzó rápidamente en unos cuantos meses; dueño de una mente lúcida, decidió optar por la eutanasia, que está legalizada en Bélgica desde el año 2002. “El término voluntario de la vida es un derecho de todos los seres humanos” (ley de Bélgica, 22 de septiembre 2002).
Y repito lo que han publicado los diarios: Emiel exclamó: “¿quién no quisiera terminar con un vaso de champán y en la compañía de todos sus seres queridos?”; y así fue, reunió a sus amigos, en su casa en Brujas, y después de la celebración recibió la inyección que terminó con su vida.
Todos hemos pensado en la muerte, mi querido viejo, y seguramente en alguna ocasión has hablado de estos temas con alguien cercano, o en una reunión se han escuchado voces a favor y en contra de la terminación voluntaria de la vida. Esto no es nuevo, y ya desde los años 60 del siglo pasado se ha legislado en diversos países y se ha reconocido el derecho de un ser humano de terminar con su vida. En México está prohibida la eutanasia, y hay una Ley de Voluntad Anticipada, que permite que el individuo decida sobre su muerte en situaciones especiales.
Yo trabajé muchos años en una Unidad de Cuidados Intensivos y viví la tragedia de pacientes que pasaban sus últimos días aislados, cubiertos de sondas, tubos y drenajes, lejos de sus seres queridos, y supe desde entonces que, puestos a decidir, si tienen opción, desearían que el paso final fuera sin dolores, pero que si hay dolores y sufrimiento para ellos y sus familiares, la decisión de terminar voluntariamente con la vida y morir dignamente es la mejor.
Mi querido viejo: nosotros los viejos podemos, debemos y merecemos vivir con dignidad todos los días de nuestra existencia, lo cual es saber, también, morir con dignidad.
