MITO
“La lesión del tendón de Aquiles se alivia con reposo”.
Tanto los atletas como los individuos que no hacen ejercicio pueden tener una lesión en el llamado tendón de Aquiles, lo que causa dolor más o menos intenso y puede llegar a la inmovilidad total. Hay quienes consideran que el reposo es suficiente para aliviar este problema.
CONSECUENCIA
Aunque evitar la actividad que causa dolor ayuda a corto plazo, el reposo por sí solo no solucionará el problema. El tendón necesita rehabilitación progresiva y ejercicios de carga controlada para sanar adecuadamente.
REALIDAD
Las lesiones del tendón de Aquiles son comunes, especialmente en varones de 30 a 50 años. La incidencia de rotura es de aproximadamente 37 a 50 casos por cada 100,000 personas al año, mientras que la tendinopatía (inflamación o sobrecarga) tiene una incidencia de 235 por 1,000 adultos en la población general.
El cuerpo humano cuenta exactamente con dos “tendones de Aquiles”. Son bandas de tejido fibroso muy resistentes y los tendones más grandes de todo el cuerpo, encargados de conectar los músculos de la pantorrilla con el hueso del talón.
Permiten movimientos fundamentales para el día a día y el deporte. Correr, saltar, caminar y ponerse de puntillas dependen completamente de ellos y, en la vida real, estos tendones sufren lesiones, desgarros o rupturas graves por el sobreesfuerzo.
Las lesiones del tendón de Aquiles tiene diversas fases:
Rotura del tendón: que afecta predominantemente a varones, en una proporción de casi tres hombres por cada mujer. Suele ocurrir entre 2 y 6 cm por encima de su inserción en el talón.
Tendinopatía: es una lesión por sobrecarga muy frecuente en corredores (afectando hasta a 6% de los atletas) y en deportistas de “fin de semana” que aumentan su actividad de forma repentina.
Curiosamente, la tendinopatía también puede presentarse en personas sedentarias mayores de 50 años que no hacen ejercicio alguno y al caminar o bajar las escaleras pueden sufrir esta lesión.
El tratamiento depende del diagnóstico clínico y de un estudio radiográfico que compruebe la magnitud de la lesión. Reposo: suspende las actividades de alto impacto (correr, saltar) y cambia a ejercicios sin presión, como la natación. Fisioterapia: es indispensable. Los especialistas enseñan ejercicios de estiramiento y fuerza (especialmente ejercicios excéntricos) para devolverle la elasticidad y resistencia al tendón. Inmovilización: en casos moderados, tu médico puede recomendar el uso de una bota ortopédica o yeso para mantener el pie en reposo y permitir su sanación natural.
Cirugía: si existe una rotura completa o el tendón no mejora con cuidados conservadores tras varios meses, el médico optará por intervención quirúrgica para coser o reforzar el tendón.
La cirugía percutánea del tendón de Aquiles (también llamada reparación mínimamente invasiva) es un procedimiento ambulatorio de 30 minutos en el que el cirujano une los extremos del tendón roto usando suturas guiadas a través de varias incisiones muy pequeñas (de 1 cm) en la piel.
La recuperación completa de una cirugía del tendón de Aquiles toma entre 6 y 12 meses. La mayoría de las personas retoman sus actividades diarias normales y deportes ligeros en cuatro a seis meses, aunque el alta para actividades de gran exigencia suele requerir hasta un año.
¿Por qué “tendón de Aquiles”?
Según la leyenda narrada en la Ilíada y otros textos clásicos, el héroe Aquiles era el guerrero más fuerte e invencible de Grecia. Esto se debía a que su madre, la diosa Tetis, lo había sumergido de bebé en las aguas sagradas de la laguna Estigia para hacerlo inmortal.
Sin embargo, al sostenerlo firmemente por el talón para introducirlo en el agua, esa parte específica de su cuerpo no se mojó, quedando completamente vulnerable. Años después, durante la Guerra de Troya, el príncipe Paris vengó la muerte de su hermano Héctor disparando una flecha envenenada que, guiada por el dios Apolo, impactó directo en el talón de Aquiles, causándole la muerte..
