Mi UNAM, los Beatles y recuerdos

No podemos menos que lamentar que hoy se gasten fortunas enteras en promover canciones inanes.Mi querido viejo, hay momentos en que es un verdadero placer ser viejos, y el lunes pasado fue uno ellos, inolvidable. NuestraFacultad de Medicinaorganizó un concierto para ...

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

  • No podemos menos que lamentar que hoy se gasten fortunas enteras en promover canciones inanes.

Mi querido viejo, hay momentos en que es un verdadero placer ser viejos, y el lunes pasado fue uno ellos, inolvidable.

Nuestra Facultad de Medicina organizó un concierto para celebrar el Día del Médico y la Médica y allá fuimos Alicia y yo a la Sala Nezahualcóyotl, que estaba abarrotada ante la expectativa de escuchar algo insólito: un concierto con música de los Beatles.

Sí, de la mano del increíble director, don Jesús Medina, y del coordinador de coros, Óscar Herrera, comenzamos a escuchar algo que nos transportó a los años 60. Imagínate, querido viejo, que de pronto me vi, junto con mi mamá, en 1962 en Trafalgar Square, oyendo esa inolvidable música en medio de hippies y minifaldas; imagínate a Alicia, que parecía revivir sus años de adolescente cantando y bailando al son de los Beatles.

Y así fue, querido viejo, durante más de dos horas. Escuchar a los músicos, magistralmente dirigidos por Jesús Medina, cuyas contorsiones remarcaban los acordes del quinteto de Liverpool, mientras en el fondo, más de cien cantantes hacían coros con las letras inolvidables de Yesterday, She loves you, Michelle, Hey Jude, Eleanor Rigby, Norwegian Wood, Yellow Submarine, y When I’m 64.

Venturosamente, en la sala estaban muchos viejos, que disfrutaron igual, cantaron igual, y se deleitaron en cada minuto con la alegría que comunicaban el director, todos los músicos y los cantantes; fue un viaje maravilloso al pasado que vivimos, época inolvidable que muy probablemente también experimentaste tú, porque nos tocó vivir una transformación maravillosa de la música popular, y recuerdas a nuestros cantantes mexicanos y a las actricitas con minifalda, y los bailes a go gó, y tantas y tantas experiencias en aquella época de formación, antes de convertirnos en “gente seria”.

Y al hacer una reflexión sobre la música, los maravillosos acordes de aquel quinteto inolvidable, a pensar en los mensajes de todo tipo que nos dejaban en cada canción: alegría, regocijo, amor a la vida, reflexión sobre el mundo, esperanza y fe en el futuro, y comprender significado de esa revolución musical que cambió el mundo entero, no podemos menos que lamentar que, en aras de la comercialización y la banalidad, hoy se gasten fortunas enteras en promover canciones inanes, corridos tumbados, letras de perreo y tantos disparates más, y eso lo percibimos en una parte de los asistentes, sobre todo jóvenes, que no escucharon la música, que no entendieron el mensaje, y que, siguiendo la triste costumbre actual, se dedicaron a ¡grabar el concierto con sus celulares!; no vinieron a oír ni a disfrutar música inolvidable, ¡vinieron a grabar para guardar sonidos e imágenes que ni entienden ni les significan nada!

Hay que agradecer a nuestra Facultad de Medicina de la UNAM la magnífica idea de celebrar un 23 de octubre más de esta forma; es de alguna manera un homenaje a la música excelente y al buen gusto de los médicos y médicas, así como un recordatorio de que la buena música nunca muere.

Los médicos y todo el personal de salud, enfermeras, camilleros, laboratoristas, radiólogos, investigadores, etcétera, merecemos todo el reconocimiento, sobre todo en los tiempos actuales, cuando los servicios de salud y quienes trabajan en todo el país, han sufrido como nunca se había visto.

Y larga vida a mi Facultad de Medicina, gracias a la cual soy lo que soy.

*Médico y escritor

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