Querido viejo: estoy seguro de que tú tienes, y has recopilado y guardado durante años esas fotografías que fueron tomadas con aquellas camaritas Kodak Brownie Fiesta, o Canon, o las sorprendentes cámaras Réflex y Printomatic que llevabas siempre que tenías una reunión o ibas a visitar un lugar.
Y por tu mente pasa la historia de la fotografía que inició en 1816 Joseph Nicéphore Niépce, quien capturó la vista de una ventana utilizando una placa de peltre, en un proceso llamado heliografía, que requirió unas ocho horas de exposición al sol. El gobierno francés decidió que el 19 de agosto sea la fecha que actualmente se celebra como el Día Mundial de la Fotografía.
Y, a partir de aquel momento, parte de la vida de todos nosotros incluye la fotografía para congelar el tiempo y poder recordar una y otra vez, aquel momento inolvidable.
Y recuerdas bien cómo cuidabas el “rollo”, para llevarlo al laboratorio, para que lo “revelaran” y te entregaran una serie de fotos impresas en papel que hacían la alegría personal y de tus amigos.
Hoy, los teléfonos celulares nos permiten hacer buenas tomas y buenas fotos con facilidad. Las fotografías son una memoria visual que nos permite detener el tiempo, volver los días y los años, y disfrutar las emociones que vivimos cuando esas fotos fueron tomadas.
Y ahora, querido viejo, cuando han pasado los años y vives todos los días con el mejor ánimo, sin que te abrumen ni las arrugas ni los huesos tiesos, puedes hacer un viaje especial, que te hará revivir aquellos momentos en que capturabas las emociones con tu cámara fotográfica, y luego ordenabas y guardabas las fotos en sobres o en álbumes, anotando las fechas en que esas imágenes fueron fotografiadas.
El tiempo pasa, tú sigues aquí, viviendo nuevas experiencias y tal vez tomando nuevas fotos.
Pero ese tesoro que has guardado con tanto cuidado, te proporciona una serie de sentimientos muy especiales cuando sacas uno de esos álbumes y vuelves a ver las fotografías.
¿Qué te muestran ahora? La figura de joven que fuiste, la alegría de vivir que compartiste con tus seres queridos, tu familia, tus amigos, tus compañeros; y esas fotos son de un gran valor porque son testimonio fiel de tu vida, tus emociones, tus momentos especiales, etcétera.
Una buena costumbre, querido viejo, es la de tomarte un tiempo, cuando estás en calma, para volver a ver aquellas fotos y recordar con tu compañero o compañera, con tu familia o con tus amigos esos momentos que viviste y disfrutaste y ya no volverán.
Porque esa es la magia de la fotografía: las imágenes pueden estar un poco borradas, los colores pueden ya no ser los originales, pero el momento está ahí, congelado cuando disparaste tu cámara fotográfica.
“Recordar el vivir”, querido viejo, te invito a que disfrutes de nuevo aquel momento.
