Ley mordaza
Este gobierno no puede tapar el sol con un dedo y negar que vivimos una gran crisis que tiene muchas aristas: economía, salud, seguridad, comunicaciones, transportes, clima y paz social.
Las malas leyes son la peor especie de tiranía
Edmund Burk
Los individuos en el poder tienen alergia a las críticas, no aceptan que alguien les haga ver sus errores y fracasos, desde siempre han tratado de callarlos y así nacieron las leyes mordaza; podemos recordar a Porfirio Díaz (“mátalos en caliente”), quien en aquellos años, casi al fin del periodo publicó un decreto conocidos como la Ley Mordaza, por la que cualquier periodista podría ser acusado, encarcelado o llevado a juicio por hablar mal del gobierno. Los encuentros entre los presidentes y quienes los critican son bien conocidos.
El sexenio 2018/2024 fue funesto por muchas razones, con cifras récord en muertes evitables, asesinatos, desapariciones, secuestros, fraudes, etcétera, pero la virulencia con la que el que ya se fue atacó una y otra vez a quienes lo criticaban no tiene paralelo en la historia del país: recordamos sus miles de insultos a todos los que exhibían sus errores, sus amenazas y finalmente recordamos los despidos de su trabajo.
Los analistas y expertos que perdieron su trabajo en ese sexenio por orden presidencial fueron Ricardo Alemán, Carlos Marín, Carlos Loret de Mola, Jorge Ramos, Carlos Ramos Padilla, Adela Micha, Rubén Cortés, Ricardo Gómez, Jesús Martin Mendoza, Víctor Trujillo, Ángel Verdugo, Pablo Hiriart, Ricardo Rocha, Juan Miguel Alcántara Soria, Fernanda de la Torre, Roberto Blancarte, Guillermo Valdés, Javier Solórzano, Irma Pérez Lince, Sergio Sarmiento, Carlos Alazraki y Azucena Uresti.
Pero, además, en esos seis años, se documentaron dos mil 502 agresiones a periodistas por su trabajo, y 47 de ellos fueron asesinados sin que nadie haya hecho una indagatoria al respecto; ésta es la herencia de quien se esconde porque sabe lo que le espera.
Y ahora, como si no fuera suficiente la agresión a la Constitución, a la independencia del Poder Judicial, la destrucción del INE, la eliminación del Inai, y al proyecto estúpido de una elección del Poder Judicial hecha sin orden ni concierto, a los diputados (que no rebuznan porque no saben cómo) se les ocurrió una Ley de Telecomunicaciones (Ley mordaza) que plantea que el gobierno federal puede bloquear el uso de plataformas digitales y que tendrá la facultad de suspender el servicio de cualquier plataforma digital, redes sociales, servicios digitales en bancos, sitios de comercio electrónicos o sitios de información o consulta, portales de noticias o enciclopedias. Este bloqueo podrá afectar otros derechos más allá de la libertad de expresión, como son los derechos de reunión, incluso los derechos a la salud.
Esta Ley mordaza pone en peligro lo que hacemos todos los días, las conversaciones telefónicas, los mensajes por las redes sociales, las publicaciones de todo tipo, los textos que enviamos a las redes o a los diarios.
Frente a este atentado a nuestra libertad, se alzó desde la tribuna el senador panista Ricardo Anaya, quien denunció de manera clara y contundente la aberración que significa este proyecto de ley y sus consecuencias, y lo mismo han hecho diversos grupos de analistas y expertos, tanto nacionales como extranjeros, que consideran esta iniciativa como un grave retroceso de México, que incluso podría afectar las relaciones internacionales con el T-MEC.
Este gobierno no puede tapar el sol con un dedo y negar que vivimos una gran crisis que tiene muchas aristas: economía, salud, seguridad, comunicaciones, transportes, clima, y sobre todo paz social.
Esa Ley mordaza debe ser cancelada, a pesar de lo que diga el señor Fernández Noroña (“el automático”, porque abre la boca y …) y los titubeos de la señora Presidenta; todos los mexicanos debemos alzar la voz, bloquear esa ley y dedicarnos a resolver los graves problemas que sufrimos por un mal gobierno que lleva ya más de seis años.
