Hacer volar la imaginación
Querido viejo: estamos en época de veda electoral, hay quienes no la respetan, pero yo sí, no hablaré de votaciones, de candidatos, de encuestas ni de resultados, pero teniendo tiempo libre, quise jugar con Alicia a hacer volar la imaginación. ¿Y si imagináramos que ...
Querido viejo: estamos en época de veda electoral, hay quienes no la respetan, pero yo sí, no hablaré de votaciones, de candidatos, de encuestas ni de resultados, pero teniendo tiempo libre, quise jugar con Alicia a hacer volar la imaginación.
¿Y si imagináramos que llega un asteroide a la Tierra?, no; ¿y si imagináramos que todos los automovilistas cumplen las reglas de tránsito?, tampoco; ¿y si imagináramos que todos los políticos son honestos?, menos. Y Alicia propuso: ¿Si imagináramos que el mundo se queda en un momento sin teléfonos celulares?... y nos pusimos a meditar.
Somos afortunados porque hemos vivido desde la época en que las llamadas las hacía una operadora que nos conectaba, luego aparecieron unos teléfonos negros con una rueda de números que teníamos que marcar, Ericsson o Mexicana. Luego aparecieron los teléfonos de teclas, que eran más cómodos y un día una amiga me enseñó su teléfono ¡que no tenía cables!
Los teléfonos inalámbricos llegaron, y vimos a don Guillermo Ochoa portar en la televisión un enorme ladrillo, que era su primer teléfono portátil. Lo demás es historia, hoy millones de mexicanos utilizan a diario su teléfono y hemos visto las consecuencias de su mal uso: tropezones, choques porque están atentos a sus aparatitos, caídas, lesiones y muertes por automovilistas distraídos con su celular. Y grotescas escenas en las que, en un partido de futbol, un espectador ¡está grabando el partido sin verlo!, o fotos de museos en las que, frente a una obra de arte maravillosa, están los jóvenes leyendo sus teléfonos, ajenos a la contemplación del arte.
De modo que, ¿qué pasaría si se acabaran los celulares?; de entrada oiríamos un enorme griterío de personas alarmadas, preguntando qué pasa, pero tal vez veríamos nuevamente al señor hablando con su esposa, a los compañeros de la escuela intercambiar opiniones y conversar alegremente, veríamos a los empleados del gobierno atendiendo amables a sus clientes en lugar de estar viendo su aparatito. Veríamos a los papás y abuelos platicando con sus hijos y sus nietos, volveríamos a ser una sociedad de seres humanos y no de “robots” que sólo están con los ojos fijos en sus teléfonos.
Volveríamos a tener diálogo, ya no tendríamos que mandar emojis y sonrisas, ni esperaríamos a tener likes para ser famosos. El lenguaje volvería a ser humano, y dejaríamos los avances de la tecnología para otra cosa que no sea perder el tiempo.
Las familias se volverían a reunir y platicarían de sus actividades, sus triunfos y sus proyectos, los funcionarios funcionarían, los cantantes cantarían, en lugar de hacer playback y desfiguros, y los anuncios en la televisión serían inteligentes, no los que ahora vemos que parecen creados por y para enfermos mentales
¿Qué piensas tú, querido viejo?, echando a volar la imaginación podemos jugar todo lo que queramos, intercambiando ideas, por absurdas que parezcan, podemos pasar un buen rato.
La vida es para disfrutarla, ¡qué bueno que hay celulares!, pero qué bueno que la vida es mucho más que eso.
Disfruta la vida, querido viejo.
