¡A callar!
Callar al que piensa diferente, atacar a quien exhibe actos de corrupción del gobierno
Lo que se oculta hoy, mañana se revela con fuerza.
Nuestro México ha vivido a través de la historia, situaciones difíciles debidas al ocultamiento de verdades o problemas que merecían atención, caos por olvidos en los programas gubernamentales, que ocasionaron destrozos y afectaron a la población.
Ante esas situaciones, una de las peores políticas es la negación o el silencio, sobre todo en la época en que vivimos cuando lo que ocurre es exhibido de inmediato por la prensa, radio, televisión y las llamadas redes sociales. La frase “lo que se oculta hoy, mañana se revela con fuerza” es conocida y lo comprobamos a diario en todos los órdenes de la vida.
Entre los múltiples ejemplos de intolerancia política y acciones para silenciar a la oposición, destaca lo acontecido en el Senado de la República. El 29 de septiembre de 1913, el senador Belisario Domínguez había pronunciado un discurso contra Victoriano Huerta, en el que denunció en forma vehemente lo que estaba ocurriendo en el país
Días después, Belisario Domínguez fue secuestrado y asesinado, le cortaron la lengua que fue entregada a Victoriano Huerta, sellando así el mandato de silencio que mucho afectó al país.
Callar al que piensa diferente, atacando a quien exhibe actos de corrupción del gobierno, es una tarea difícil y peligrosa en todas las épocas, pero, en especial, en los últimos años. A falta de argumentos se erige el silencio, no informar, no explicar, solamente callar y hacer callar a los disidentes.
Así actuó quien ya no está aquí, desde antes de tomar el poder; barrió con cuanta institución no le gustaba, nunca dio explicaciones, siempre acusó de corruptos a personajes y organismos, sin dar nunca resultados. El silencio se impuso como norma de su gobierno.
Debido a eso, los mexicanos nunca supimos ni sabremos cuánto costó la cancelación del Aeropuerto, se habló de corrupción sin un solo dato que la confirmara; se destruyó el sistema de salud, sin explicación alguna y se sustituyó por un mamotreto que a siete años de distancia no logra cubrir las necesidades de los mexicanos.
Se construyeron obras faraónicas sin considerar sus efectos en el medio ambiente, el Tren Maya, la refinería Dos Bocas, y tantas más agotaron la economía del país, sin que nadie, del expresidente para abajo diera una explicación o justificación al respecto. Ante las demandas de los ciudadanos, la respuesta fue siempre ¡a callar!, y punto.
Y ahora que estamos viviendo ya un año de la “nueva administración”, encontramos que quien está todas las mañanas en el Salón Tesorería, no es capaz de explicar lo que ocurre en el país y todos lo vemos.
La delincuencia está como siempre activa, y gozando del silencio de la señora Presidenta, que usa las mañaneras para atacar a “los de la derecha”, “los corruptos”, “los periodistas y analistas”, lo que cancela toda oportunidad de diálogo.
Los mexicanos vivimos en peligro, no sólo por los estragos causados por el clima, sino por la falta de previsión, que ocasionó daños a casas y comercios de millones de mexicanos, muertes de miles, y una indefensión ante lo que va a venir.
Y en el colmo del autoritarismo antidemocrático, tristemente vimos y vemos a la señora Presidenta gritar “cállense”, a quienes le reclaman protección como la que todo gobierno puede ofrecer.
¿Desesperación?, ¿incapacidad?, ¿mala sangre?, no, todo es simplemente el resultado de ofrecer ciegamente obediencia a su predecesor y creer en la continuación de una “transformación” que no tiene ni pies ni cabeza.
Sin temor a que nos pase lo que le pasó a don Belisario Domínguez, seguiremos hablando claro a pesar de los gritos que nos ordenan “¡a callar!”; más pronto que tarde, la verdad, la dignidad y la democracia prevalecerán.
