Sin respiro

El domingo 1 de junio, mismo día en que se celebra la elección judicial, se cumplirán ocho meses del gobierno de Claudia Sheinbaum y, al día siguiente, un año de su triunfo en los comicios de 2024. Es pronto, desde cualquier punto de vista, para hacer un balance de su ...

El domingo 1 de junio, mismo día en que se celebra la elección judicial, se cumplirán ocho meses del gobierno de Claudia Sheinbaum y, al día siguiente, un año de su triunfo en los comicios de 2024.

Es pronto, desde cualquier punto de vista, para hacer un balance de su gestión, pues apenas acaba de cumplirse 10% del lapso para el que fue elegida.

Lo que sí puede decirse es que el signo de estos 240 días ha sido la atención de problemas. Algunos de ellos, heredados por el gobierno anterior, como la fragilidad de las finanzas públicas. Otros, venidos de fuera, como las decisiones del gobierno estadunidense en materia comercial.

Por ejemplo, cuando comenzó el sexenio, el 1 de octubre, ya se había iniciado una guerra en el seno del Cártel de Sinaloa, que a la fecha no ha parado.

A principios de noviembre, Donald Trump ganó las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Durante su campaña, anunció que impondría aranceles a las exportaciones mexicanas, cosa que ha cumplido parcialmente; prometió que realizaría “la mayor deportación de migrantes de la historia”, situación que no se ha concretado, aunque sí se ha reforzado el control en la frontera, e incluso amenazó con usar la fuerza militar para combatir a los cárteles en el propio territorio mexicano, un propósito, se nota, en el que se ha quedado con las ganas.

El regreso de Trump a la Casa Blanca, en enero pasado, y la conquista de la mayoría legislativa por parte del Partido Republicano han configurado un escenario especialmente complicado para Sheinbaum en varios frentes: la política comercial, los reclamos por el agua del río Bravo, la inminente imposición de aranceles a las remesas y el boicot al ganado mexicano por el gusano barrenador, entre otros.

Esto la ha obligado a hablar siete veces por teléfono con Trump, buscando atenuar sus impulsos. 

A nivel nacional, la Presidenta ha tenido que gobernar bajo la sombra de su antecesor, quien hasta ahora no ha aparecido públicamente, pero sigue gravitando. Ha tenido que trabajar con un gabinete plagado de personajes empoderados el sexenio anterior –algunos de los cuales no muestran un compromiso total con su gobierno–, así como con líderes en el Congreso que fueron sus contrincantes por la candidatura presidencial, quienes han llegado a obstaculizar sus iniciativas.

La economía ha venido arrastrando un débil desempeño que comenzó a notarse en los últimos meses del gobierno anterior. Para enfrentar ese estancamiento, el gobierno ha tenido una limitada capacidad de inversión. Esto se debe a que la prioridad del gasto público se ha centrado en la necesidad de reducir el déficit fiscal acumulado por la administración anterior, que llegó a 5.7% del PIB.

Asimismo, el consumo interno, que se había convertido en el salvavidas de la economía mexicana, poco a poco se ha ido desinflando, ante el deterioro de las remesas y la pérdida de inercia de los programas sociales y los aumentos salariales.

Aunque la Secretaría de Hacienda mantiene su expectativa de crecimiento del PIB para 2025, de entre 1.5 y 2.3%, la mayoría de los pronósticos, incluyendo el de ayer de Banxico, apuntan a que México experimentará una expansión casi nula.

Y en este mes que termina, la Presidenta ha tenido que enfrentar uno de sus retos internos más formidables: el paro de una décima parte de las escuelas del país, cuyos maestros son parte de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, gremio que resurgió de las cenizas por impulso de López Obrador y que ahora presiona a su sucesora, sin que quede claro cómo y quién paga sus movilizaciones.

Los maestros disidentes se han plantado en el Zócalo y han generado un caos diario en la capital del país, exigiendo al gobierno federal medidas imposibles de cumplir, como un aumento salarial de 100% y la abrogación del actual régimen de pensiones, cosas que costarían una cifra estratosférica con la que no cuentan las finanzas públicas.

Han sido ocho meses de conflictos difíciles de gestionar, que han dejado a la primera Presidenta del país sin espacio para desarrollar una agenda propia, sin un minuto de paz.

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