Justicia que no olvida
Rafael Caro Quintero, el hombre que presumió que podía pagar la deuda externa de México cuando fue detenido en 1985, apareció el viernes en una corte federal en Brooklyn, maniatado con las esposas que pertenecieron a Enrique Kiki Camarena, el agente de la DEA al que ...
Rafael Caro Quintero, el hombre que presumió que podía pagar la deuda externa de México cuando fue detenido en 1985, apareció el viernes en una corte federal en Brooklyn, maniatado con las esposas que pertenecieron a Enrique Kiki Camarena, el agente de la DEA al que presuntamente torturó y asesinó en Guadalajara, creyendo que él había delatado la localización del rancho El Búfalo –en Allende, Chihuahua–, donde se producían y empacaban miles de toneladas de mariguana, y que fue intervenido por el Ejército el 6 de noviembre de 1984.
Horas antes de la audiencia del capo, Enrique Camarena, juez estatal en California e hijo del agente sacrificado hace 40 años, posó con esas esposas en compañía de Steve Paris, quien fue parte de la Operación Leyenda, como se denominaron las pesquisas que llevó a cabo la DEA para aclarar los hechos y llevar ante la justicia a los responsables.
“Después de 40 años, el señor Caro Quintero, quien asesinó al agente de la DEA Enrique Kiki Camarena, está ante la justicia; huyó durante años, pero la justicia nunca olvida”, dijo la fiscal Saritha Komatireddy sobre el septuagenario capo, quien llegó el día anterior a Nueva York, expulsado de México y trasladado en un avión de la Armada.
Hace casi cuatro décadas, el llamado Narco de narcos fue localizado por autoridades mexicanas en Costa Rica, país al que había huido luego del asesinato. El líder del Cártel de Guadalajara viajaba en compañía de su novia Sara Cosío Vidaurri, integrante de una familia de renombre en Jalisco. Fue mediante una llamada de ella a su familia, que fue interceptada, como se supo que Caro Quintero estaba en Costa Rica.
Un grupo de agentes mexicanos, encabezado por el célebre Florentino Ventura, llegó hasta el país centroamericano para comprobar que el capo efectivamente se encontraba allá. Haciéndose pasar por turistas, capturaron a Caro en una calle de San José y lo trasladaron a la embajada mexicana. “Ya me encontraron”, fue lo único que dijo al ser descubierto y aprehendido. Fue hasta ese momento que el gobierno del presidente Miguel de la Madrid dio aviso a las autoridades costarricenses, las cuales accedieron a que el detenido fuera deportado a México sin pasar por un proceso de extradición, pues al encontrarse en la embajada, ya estaba en territorio mexicano.
Aunque la magnética sonrisa del narcotraficante podía dar otra impresión, Caro era un hombre inclinado a ser violento. Una semana antes del asesinato de Camarena habría ordenado la ejecución de dos estadunidenses, el escritor John Clay Walker y su amigo Albert Radelat, quienes tuvieron la mala fortuna de asomarse al privado del restaurante tapatío La Langosta Loca porque oyeron música de mariachi. En el fondo del salón, cobijado por el ruido, Caro se encontraba platicando con alguien y, cuando el capo los vio, los confundió con agentes encubiertos. Los dos hombres fueron torturados en la cocina del lugar y asesinados.
Otro caso que podría eventualmente resurgir en el juicio de Caro Quintero en Nueva York es el de cuatro miembros estadunidenses de los Testigos de Jehová, que desaparecieron un domingo de diciembre de 1984, cuando tocaban puertas en el barrio de Chapalita. Por error entraron en una casa que encontraron abierta y llegaron hasta el jardín. La propiedad, donde tenía lugar un almuerzo con barbacoa, era de Ernesto Fonseca, alias Don Neto, socio de Caro Quintero.
Los cuerpos de Ben Mascarenas y su esposa Pat, así como los de Dennis Carlson y su esposa Rose, nunca fueron localizados. Sin embargo, la Operación Leyenda obtuvo testimonios de que los cuatro fueron asesinados. Caro Quintero parecía ser paranoico y proclive a resolver sus dudas con furia. Una fuente mexicana con conocimiento de los hechos de aquellos años me dijo que quien comunicó a la DEA los datos del rancho El Búfalo no fue Enrique Camarena, sino otra persona. “Camarena no estaba enterado de la existencia de ese rancho”, me explicó.
Es decir, el crimen habría ocurrido sin motivo. Y, sin embargo, será el que lleve a la justicia estadunidense a pedir la pena de muerte para Caro Quintero.
Una justicia que no olvida: gran contraste con México, un país que muchas veces olvida muy pronto.
