Cónclave

A raíz de que Donald Trump resultó nuevamente elegido como presidente de Estados Unidos, auguré aquí que eso significaría el inicio de una nueva era global, a la que ya habían contribuido China y Rusia, las otras dos potencias mundiales, con sus propias decisiones ...

A raíz de que Donald Trump resultó nuevamente elegido como presidente de Estados Unidos, auguré aquí que eso significaría el inicio de una nueva era global, a la que ya habían contribuido China y Rusia, las otras dos potencias mundiales, con sus propias decisiones comerciales, tecnológicas y militares. Ya lo estamos viendo. 

Una pieza que faltaba en este naciente orden mundial era un cambio de mando en la jerarquía de la Iglesia católica. Éste ha llegado, ahora, por la vía del fallecimiento del papa Francisco.

Pasadas las exequias, que se desarrollarán de aquí al sábado, la maquinaria del Vaticano entrará de lleno en un proceso sucesorio, del que surgirá el Pontífice número 267 de la historia.

Cónclave –“bajo llave”, en latín– se denomina el método de selección del Papa, en el que participa un conjunto de cardenales, que, mediante el voto secreto y resguardado de las miradas de los curiosos, resuelve desde el siglo XIII quién ocupa el Trono de San Pedro y se convierte en cabeza de una comunidad que hoy alcanza los mil 400 millones de fieles.

La Iglesia puede carecer de divisiones castrenses –como afirmó José Stalin en la reunión de Yalta, donde se decidió el orden mundial que hoy está en vías de desaparecer–, pero sólo un despistado sería capaz de negar la influencia de esta institución milenaria sobre las decisiones que afectan el devenir global. Para constatarlo, basta ver cómo el fallecimiento del Papa se ha convertido en la noticia más importante a nivel internacional.

La fascinación por el Cónclave –en el que participarán esta vez 135 cardenales, el mayor número de la historia– ha quedado de manifiesto por el enorme éxito en taquilla del filme homónimo, dirigido por Edward Berger.

Es probable que miles de millones de personas, más allá de sus creencias, estén pendientes del resultado de la reunión a puerta cerrada, que se conocerá después de que salga humo blanco de la famosa chimenea de la Capilla Sixtina, un ritual que luce anacrónico en la era de la mensajería instantánea y la inteligencia artificial, pero que sigue teniendo la capacidad de paralizar casi cualquier otra actividad que se esté llevando a cabo en ese momento.

Minutos después, una frase pronunciada en lengua muerta, habemus papam, será el preludio para conocer el nombre del nuevo pontífice, uno que, esperemos, surja de la toma de conciencia sobre el rumbo inquietante que ha tomado el mundo y de la convicción de que la humanidad necesita de un vocero que le recuerde constantemente los principios de la convivencia.  

BUSCAPIÉS

*La decisión, anunciada ayer por la presidenta Claudia Sheinbaum, respecto de la representación mexicana en los funerales del papa Francisco abre la puerta a varias incógnitas. ¿Por qué no viajar ella misma al Vaticano, como lo hizo en la campaña electoral para tomarse una foto con el pontífice? ¿Por qué desaprovechar la presencia, ya confirmada, de casi 200 jefes de Estado y de Gobierno, entre ellos Trump? ¿Por qué mandar a la secretaria de Gobernación y no al canciller, si hay una relación de México con la Santa Sede, de Estado a Estado? ¿Dónde presenta el nuncio sus cartas credenciales, en avenida Juárez o en avenida Bucareli? Designar a Rosa Icela Rodríguez como representante ¿es una decisión política? Si lo es, ¿es para con la Iglesia o para con la feligresía del partido?

*Al presentar sus expectativas de crecimiento de las economías más grandes del mundo, el Fondo Monetario Internacional puso una sola de ellas en territorio negativo para 2025: la de México. El pronóstico de una contracción de (-)0.3% contrasta con el de la Secretaría de Hacienda, que colocó el crecimiento del PIB en una banda cuyo promedio es (+)1.9 por ciento. Es decir, hay más de dos puntos de diferencia entre ambas estimaciones. Se entiende que la segunda, publicado hace tres semanas, en el marco de la presentación de los Pre-Criterios Generales de Política Económica, antecedió a los anuncios de Trump en materia de aranceles. Lo que sí es difícil de comprender es que México no lo revise, como ya han hecho otros países, luego de que Washington pusiera en jaque a los mercados con su nueva política comercial.

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