El elefante en el cuarto
La elaboración del Presupuesto de Egresos de la Federación para 2016 comenzó hace una semana, con el envío de un documento de la Secretaría de Hacienda a la Cámara de Diputados con sus lineamientos de programación y presupuestación. En él, Hacienda se propone ...

Pascal Beltrán del Río
Bitácora del director
La elaboración del Presupuesto de Egresos de la Federación para 2016 comenzó hace una semana, con el envío de un documento de la Secretaría de Hacienda a la Cámara de Diputados con sus lineamientos de programación y presupuestación.
En él, Hacienda se propone recortar más de una quinta parte de los programas de la administración pública federal y más de una cuarta parte de los que son controlados directamente por el Ejecutivo.
Sin embargo, hasta ahora no sabemos cuánto dinero ahorraremos por dichos conceptos.
Tampoco queda claro si estamos ante una estrategia de Presupuesto Base Cero, como lo dio a conocer Hacienda a finales de marzo.
Teóricamente, si lo estuviéramos, Hacienda tendría que anunciar que cancela todos los conceptos del presupuesto anterior, pues de lo que se trata, en ese caso, es de comenzar de nuevo.
Trataré de abstraerme de ese debate, que puede consumir inútilmente el tiempo y el esfuerzo para hablar de lo esencial en torno de la forma en que se gasta el dinero de todos nosotros.
Y lo esencial es saber que este año contaremos con menos dinero público, principalmente por la caída de los recursos que genera la venta de hidrocarburos.
Si el método para programar la erogación de esos recursos es Base Cero, o cualquier otro, no debe distraernos del fin principal: hacer lo mismo –es decir, garantizar los servicios públicos– con menos dinero.
Como haría cualquier familia que enfrenta una contingencia de ingresos, analiza en qué está gastando y en qué rubros es posible recortar sin sacrificar lo esencial.
¿Sabe en qué gasta más el gobierno mexicano? En los llamados “servicios personales”. Recuerde, en México nos gustan los eufemismos. Para decirlo llanamente, se trata de sueldos y prestaciones.
De cada 100 pesos que gasta el gobierno federal, 23.4 pesos se van en salarios y prestaciones, incluyendo aportaciones para estados y municipios.
Para comparar, Estados Unidos gasta en lo mismo 15% de su presupuesto; Canadá, 16%; y Alemania, 17%.
En México, un país con 120 millones de habitantes y una población económicamente activa (PEA) de 52 millones, hay 1.6 millones de burócratas en el gobierno federal (3%). En EU, con una población de 318 millones y una PEA de 157 millones, hay 2.6 millones de burócratas (1.6%).
¿Se justifica –especialmente en tiempos de restricción económica– que México tenga una burocracia tan obesa?
Yo creo que no. El tamaño de la burocracia mexicana es resultado de los tiempos de un Estado protector y un sistema político de partido único.
Quienes entraban en el servicio público lo hacían con la consigna de apoyar –mediante su agrupamiento en sindicatos oficialistas– al partido de Estado, es decir al PRI.
Esa fue una lógica que no pudo ser rota durante 12 años de gobiernos panistas.
Lejos de derruir el aparato corporativo que sostuvo al PRI en el poder durante 71 años, el PAN quiso usar a la burocracia a su favor, aunque realmente nunca lo consiguió.
Hoy, que se habla de ajustar el gasto público a la realidad, parecería ineludible reducir el tamaño de la burocracia. Sin embargo, nadie en el gobierno federal quiere sacudir ese avispero.
Si hemos de revisar cómo se ejerce el gasto público –con la técnica Base Cero o sin ella–, a fuerza hay que examinar si el país necesita tantos servidores públicos.
Hace años, un funcionario de Pemex me contó, atónito, cómo para arreglar su computadora llegaron tres personas. Mientras una de ellas inspeccionaba el equipo, las otras dos miraban.
Pemex es un buen ejemplo de burocracia obesa. La petrolera –hoy “empresa productiva del Estado”– tiene unos 154 mil trabajadores. En comparación, la petrolera Shell, que opera en 90 países, tiene 92 mil.
Con motivo de la Reforma Energética, el secretario del ramo, Pedro Joaquín Coldwell, afirmó que habría que hacer un recorte en Pemex, incluso entre sindicalizados. Sin embargo, ése es un tema del que hace mucho no se escucha hablar.
Reducir el tamaño de la burocracia es el elefante que ocupa casi todo el espacio del cuarto en el que se diseña el presupuesto 2016… y que nadie osa mencionar.