Resiliencia vs. resistencia

Las personas resilientes se priorizan a sí mismas

Bienaventurados los corazones flexibles,  

porque no se romperán.

                San Francisco de Sales

La resiliencia se define, según la RAE, como la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos. Según la misma fuente, resistencia se define como la acción y efecto de resistir o resistirse; capacidad para resistir; […]en el sicoanálisis, oposición del paciente a reconocer sus impulsos o motivaciones inconscientes. En mis certificaciones de coaching, la sicología positiva es un pilar rector básico y necesario para reinterpretar la realidad.

 La sicología positiva aborda la resiliencia como un proceso dinámico que tiene como resultado la adaptación positiva a contextos de gran adversidad para seguir proyectando el futuro. La adaptación es la capacidad que vamos desarrollando a fin de ajustarnos a la realidad que se nos presenta de forma positiva, creativa, instructiva y evolutiva. También en materia sicológica, la resistencia se precisa como una oposición del inconsciente que no permite realizar cambios en nuestra vida. La resistencia es una especie de alarma que nos previene al aproximarnos a un camino nuevo que puede generar temor, que nos sacará de nuestra zona de confort y que puede doler.

Ambos conceptos pueden confundirse, aunque no tienen absolutamente nada en común más allá de ser reacciones o conductas frente a cualquier cambio irrefutable en nuestra vida. Normalmente, tenemos dos alternativas básicas para afrontar esos cambios. Si los afrontamos se estará utilizando la resiliencia; si existe oposición, la resistencia.

Ante los cambios de la vida, en ambos casos la incertidumbre existe, las dudas y temores también, pero la manera de enfrentarlas es diferente. Las personas resilientes tienen tres principales características: saben aceptar la realidad como es, poseen una creencia profunda en que la vida tiene sentido y tienen capacidad para mejorar y superarse.

Las personas resilientes valoran las circunstancias, las priorizan y se enfocan en sí mismas y en sus necesidades para poder autorrescatarse, reconstruyendo su vida a través de la experiencia de lo aprendido, reconociéndose a sí mismas como dueñas de su propia historia y, sobre todo, emancipadas de todo aquello que no les pertenece. Y toda esta fuerza nace de saber sentir, de saber nombrar esas emociones y trabajar en ellas. Sí… la resiliencia sólo le sucede a quien tiene la capacidad y la valentía de ser vulnerable, de comprender sus heridas, de elegir sus batallas, reconocer sus errores, sus pérdidas y sus derrotas; ésos, los que no se justifican y asumen la responsabilidad de su vida, incluso esos que han sabido soportar las consecuencias de su inocencia, de su confianza en los otros y de su idealización de las circunstancias. Ésos que han vivido el miedo, lo han enfrentado y lo han sometido, ésos que han aprendido a disfrutar de la vida pese a todo.

Algo muy distinto sucede con las personas que eligen la resistencia, porque en la mayoría de los casos viven instalados en la negatividad o bien en la mentira que supone llevar a cuestas una realidad que prefieren ignorar o no aceptar. La resistencia no permite sentir, altera la percepción canalizándola a un estado de victimización, de enojo, de intolerancia, y es ahí donde las armaduras se crean como autodefensa y para soportar lo que venga. Soportar no es asumir ni tampoco aceptar, es resistir las inclemencias sin trabajar en ellas, sin haber cambiado su rumbo, sin darle sentido.

Créame, no hay viento a favor cuando no se sabe a dónde uno se dirige. Por eso es tan importante elegir de forma clara la mejor estrategia para salir adelante con éxito. 

Por eso hoy lo invito a reflexionar sobre estas dos posturas frente a los cambios inevitables de la vida. Ser resilientes o mantener la resistencia. Sólo piénselo: lo que puede adaptarse y flexibilizarse no se rompe con facilidad, es capaz de acoplarse a cualquier circunstancia y aprender de ella. Por el contrario, lo que es sólido e inflexible termina por romperse. La vida merece ser vivida y sentida en libertad, sin tantas vanidades, sin tantas excusas, sin tantas armaduras… Como siempre, usted elige.

¡Felices resiliencias, felices vidas!

Temas: