Libertad I: elimine los obstáculos

Primer impedimento a derribar: la autoignorancia

La libertad no es simplemente

un privilegio que se otorga;

es un hábito que ha de adquirirse.

David Lloyd George

La libertad es la facultad natural del ser humano para obrar de una manera, de otra, o de no hacerlo, y por esa razón es responsable de sus actos. Quien es libre ni es esclavo ni se encuentra preso y carece de sujeción o subordinación; la libertad es un valor superior que asegura la libre determinación de cada uno, en lo que siente, piensa, razona y hace.

Y no se trata únicamente de la libertad de elegir, sino de elegir asumiendo que esa decisión es absolutamente personal, auténtica y franca. La libertad le pertenece y lo hace responsable. Es lógico que nadie puede ser libre si no sabe cómo serlo, y si no lucha contra los obstáculos que se lo impiden.

Los mayores obstáculos de la libertad son la ignorancia, el miedo, la cólera y el estar dominado por las pasiones; la violencia y los desajustes síquicos que colocan a los seres humanos en posiciones que los hacen sentir y pensar que la libertad no existe. Sin embargo, la libertad es real y está siempre presente si así se desea, y es únicamente limitada por uno mismo, por límites personales, aceptados, respetados y unilateralmente asumidos por el peso de sus experiencias vividas.

Ése es el primer obstáculo que hay que derribar: la ignorancia sobre uno mismo, sobre quién es y sobre lo que desea para sí y su vida. Para elegir algo es preciso conocerlo. Y quien no se conoce no puede elegirse y quien no se elige es presa fácil para la sujeción de otros; quien no se conoce no sabe sus necesidades y por ende es incapaz de exigirlas, de respetarlas o de luchar por ellas. La ignorancia sobre uno mismo lo esclaviza y lo subordina a lo que han dicho que es y muy probablemente no sea, a lo que otros creen, sienten o necesitan de usted. Quien no se conoce a sí mismo vive al arbitrio de los que pretenden conocerlo y lo sumergen en una dinámica mordaz, de manipulación, críticas, juicios y exigencias y, peor aún, lo someten a vivir en un círculo vicioso de ignorancia y miedo.

Miedo a no cumplir con las expectativas, a no ser lo suficientemente bueno o capaz, a conformarse con los mínimos, a ser simplemente lo que es y no lo que pudiera llegar a ser, a ser servil a fin de no perder el lugar que otros le dan. Créame, el miedo es siempre el triunfo de las circunstancias sobre uno mismo. Y no… nadie le agradecerá jamás el haber sido ignorante de su propia vida, por el contrario, le dirán que fue su decisión. Se encenderá la cólera y se tomarán decisiones caprichosas y pasionales, fuera de toda lógica y razón, y de ahí vendrá la violencia y de la violencia, esas consecuencias que lo dejan a uno fuera de sí mismo, perturbado, aturdido y sumergido en sus mecanismos de defensa, en el aislamiento y, por su puesto, en su propia ausencia.

Por eso mejor elija el conocimiento, la valentía y la libertad, comience por conocerse, por saber que sí y que no va con usted y la vida que desea, sea determinante, tajante, imponga esos límites que le permitan ser usted mismo, actuar con total franqueza, autenticidad, claridad, soltura y destreza en la forma de manifestar su esencia y desenvolverse en su vida.

Aléjese de todo aquello que no lo represente, realice un concepto único sobre usted y su vida, respételo y siga adelante, que no le importen ni las críticas ni las opiniones ni mucho menos las expectativas, es mucho más fácil ser feliz que trabajar en hacer felices a los demás. No se conflictúe, confíe en la vida, ella lo llevará al lugar correcto. Y, sobre todo, eduque su pensamiento, sus emociones y finque conscientemente sus principios y sus valores en lo que las experiencias de su vida le han enseñado, protéjase, proteja su libertad, su autonomía y su propio gobierno.

Como siempre, usted elige.

¡Felices eliminaciones, felices libertades!

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