Humildad vs. falsa modestia

Pocos ven lo que somos. Pero todos ven lo que aparentamos. Nicolás Maquiavelo En la mayoría de los casos, desde niños aprendemos a agradecer tímidamente un halago y a no comentar nuestros logros de ...

Pocos ven lo que somos.

                Pero todos ven lo que aparentamos. 

                Nicolás Maquiavelo 

En la mayoría de los casos, desde niños aprendemos a agradecer tímidamente un halago y a no comentar nuestros logros de forma directa. Nos educan a no vanagloriarnos de los talentos que creemos tener e incluso parecería que somos aleccionados para aceptar nuestra valía sólo cuando alguien más lo afirma. La humildad y la modestia son virtudes y valores reconocidos socialmente, pero ambos inciden en la seguridad real que sentimos en nosotros mismos y, por supuesto, en nuestra autoestima.

Humildad se define, según la RAE, como la virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento. Y también como bajeza de nacimiento o de cualquier otra especie y sumisión o rendimiento. Modestia, según la misma fuente, se define como: cualidad de modesto; y modesto a su vez se define como humilde o carente de vanidad, de nivel económico relativamente bajo; de poca categoría. También, dicho de una mujer especialmente: honesta y pudorosa.

Ambas definiciones muestran cierto dejo de inferioridad, cuando en realidad deberían de convertirse en una sencillez y en un autoconocimiento suficiente que nos permita ser capaces de valorarnos y valorar a los demás seres humanos al mismo nivel, sin inferioridades… y sin superioridades.

Valorarse a uno mismo es ineludible, aunque en realidad no deberíamos de necesitar la aprobación de nadie para sentirnos valiosos, como tampoco deberíamos sentirnos mal por apreciar nuestros logros. El punto importante de todo esto se sitúa en valorarnos de forma honesta y sensible de tal manera que podamos reconocer nuestras virtudes, pero también nuestros defectos, asumir nuestros éxitos y nuestros fracasos y valorar el esfuerzo de haber trabajado en algo independientemente de los resultados.

La humildad real nace de la comprensión de que somos humanos y contamos con un mismo valor, nace de aquellas personas que se aceptan y se encuentran en paz con quienes son. La modestia de forma positiva es sinónimo de humildad, pero caso distinto es la falsa modestia, es decir, la arrogancia velada. Usted la ha visto y yo también… Se manifiesta en aquellos que se jactan de sus virtudes, al tiempo que les restan importancia, pero siempre en busca de llamar la atención, que se les reconozca, o por lo menos que se sepa de ellos.  

La modestia y la humildad, mientras sean reales, son virtudes positivas que nos permiten reconocernos y reconocer a los demás a un mismo nivel. Sin embargo, cualquiera de las dos, de forma falsa, dejan ver claramente un desequilibrio en su amor propio y una autoestima fallida, así como una apremiante necesidad de ser valorados positivamente por los demás con el fin de compensar sus carencias.

Por eso hoy le invito a valorarse y a amarse en su justa medida, a aceptarse como es y a enfocarse en aquellas cosas en las que puede mejorar y, sobre todo, a replantearse su concepto de valía, independientemente de lo que los demás opinen. Recuerde: lo más importante es la cultura del esfuerzo y el reconocimiento hacia nosotros mismos y los demás.

Créame, es importante que aprendamos a desarrollar el instinto de percibir cuándo nuestras conductas están orientadas a la aceptación social y cuándo a la aprobación personal. Por supuesto que lo realmente importante será la aprobación personal, uno tiene que ser lo mejor que pueda ser por convencimiento y de forma auténtica, ésa es la verdadera libertad. Someter nuestra valía a las opiniones o juicios ajenos es una acción cruel e innecesaria. Nadie mejor que usted se conoce y sabe lo que hace o no para superarse diariamente, usted decide si vive para cumplir sus expectativas o las expectativas de los demás. Por mi parte, sólo puedo decirle que cuenta con todas las herramientas necesarias para realizar juicios valorativos y justos sobre su persona, que no necesita de nadie para que le diga cómo debe de ser o vivir su vida y mucho menos para poner sobre tela de juicio su valía. Usted es valioso por sí mismo y si duda de ello trabaje en esas carencias y pida ayuda para mejorar esa aceptación personal a profesionales.

Su vida es suya y merece respeto, atención y cuidado y es usted la persona más capacitada en el mundo para proveérselo. Como siempre, usted elige. ¡Felices virtudes, felices vidas!

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