Eso que sabe…
La interocepción es la percepción del estado interno del organismo, es esa capacidad que tenemos de percibirnos a nosotros mismos, de dentro hacia afuera y de fuera hacia adentro.
La mente se estira por una nueva idea o sensación,
y nunca se contrae de nuevo a sus antiguas dimensiones.
Oliver Wendell Holmes
Hay sensaciones que percibimos en las que no intervienen la palabra ni el tacto ni la vista ni el gusto ni el oído… pero que se sienten tan profundamente que son capaces de estremecernos por completo, ésas que incluso nos minan todos los demás sentidos, ésas que nos separan del tiempo, del espacio… ésas que nos desconectan del estado natural para conectarnos con lo indescriptible, con lo inenarrable, con lo invisible, con lo posible e incluso lo imposible… ésas que se manifiestan en alguna parte de nuestro cuerpo para decirnos con claridad con una voz tenue, repetitiva y penetrante… “ahí no” o “ahí sí”…
Ése es el sentido que le dice que sabe perfectamente lo que creía no saber. Y sí, ese sentido no se equivoca nunca… porque, si bien sus sensaciones son mucho más sencillas que las de otros sentidos, es en él dónde se origina propiamente el sentir… el sentirnos a nosotros mismos, la regulación homeostática, la toma de decisiones, la conciencia emocional y, por supuesto, de su bienestar mental.
La interocepción es lo que suele llamarse en la neurociencia el sexto sentido. Es la interpretación que hace el cerebro de todas las sensaciones de nuestros órganos internos, tejidos, hormonas y nuestro sistema inmunitario. La interocepción es la que nos permite comprender que no existimos a merced de nuestras emociones, sino que somos arquitectos de esas experiencias, que no reaccionamos a partir de estímulo-respuesta, que nuestro cerebro no necesita que algo suceda para funcionar y que nuestras neuronas se estimulan mutuamente de manera continua. El fin último del cerebro es predecir y la interocepción es el primer receptáculo de esas predicciones, ya que sus receptores están distribuidos por todo nuestro cuerpo con la finalidad de sentirnos y sentir el mundo que nos rodea.
La interocepción es la percepción del estado interno del organismo, es esa capacidad que tenemos de percibirnos a nosotros mismos, de dentro hacia afuera y de fuera hacia adentro, y conocer desde nuestras necesidades más básicas hasta todo aquello que intuimos.
En palabras románticas, la interocepción es la verdadera conexión entre cuerpo y mente, es lo que impide que la vida física no se detenga, que una profunda tristeza no pueda realmente romperle el corazón, que las lágrimas no le deshidraten, que los riesgos tengan un límite, que la risa desmedida no le ahogue o que la emoción de un gran momento le permita volver a tomar aire, pestañear o articular palabra… y es también el sentido que administra sus experiencias desde el nacimiento, como se siente el amor, la alegría, el peligro, el dolor, el frío, el miedo, o el hambre, pero es también lo que puede generar nuevos patrones de pensamiento y relación con uno mismo y el entorno.
He de decir que este sentido es quizá de todos para mí el más noble, el más humano y al que, teniendo mayor relevancia, no se le hace justicia. Por eso hoy lo invito a sentirse a usted como tantas veces le he dicho, ahora con una certeza más amplia de lo que eso implica y honrarlo, porque es en él en el que recae esa fuerza que no vemos, que muchas veces no sabemos que tenemos ni con la cual quizá nos percibimos, éste es el sentido que le permite ir más allá de sus propios límites, físicos, mentales y emocionales, es también el que le dice cuándo parar, lo que realmente necesita, lo que no… incluso qué y quiénes le hacen bien y qué y quiénes no aportan a su vida nada positivo… ¡Existe entonces un mejor aliado para predecir sobre su propio cuerpo, su mente… sus elecciones o su vida…!
No, no lo creo, usted es el único experto en su propia materia interna y el único también capaz de generar nuevas experiencias, con nuevas sensaciones, nuevas emociones… nuevos pensamientos. Por eso una vez más le invito a sentirse, a mirarse, a olerse, a escucharse, a probarse a sí mismo… y a sentir toda la vida que aún sin saberlo, vive sin descanso dentro de usted. Como siempre, usted elige. ¡Felices sensaciones, felices vidas!
