Auriga 10: respeto y tolerancia
• El primero que merece estar en paz es uno mismo

Paola Domínguez Boullosa
La coach
Fuertes razones, hacen fuertes acciones
William Shakespeare
Ante la actual y gravísima epidemia a nivel mundial, hoy más que nunca necesitamos practicar la tolerancia y el respeto sin importar cómo haya tenido que guardarse estos días, ya sea en convivencia con alguien más o qué esté haciendo su aislamiento en soledad, tendrá que hacerlo de la mejor manera posible.
Respeto y tolerancia son dos de los valores esenciales para la sana convivencia social y humana. Y tomando en cuenta que lo más significativo de convivir es con uno mismo, es necesario comprender correctamente ambos términos.
Respeto significa, según la Real Academia de la Lengua Española, atención, consideración, miramiento, deferencia y acatamiento que se hace a alguien. Por su parte, tolerancia significa, según la misma fuente, llevar con paciencia, y respeto las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando éstas son diferentes o contrarias a las propias.
Así, el respeto hacia alguien implica reconocer al otro como persona válida sin importar la posición en la que se encuentre; la tolerancia significa reconocer que todos somos diferentes y aunque no compartamos las mismas opiniones, no hay juicio ni culpas, en cambio, hay un espacio de libertad para cada punto de vista y respeto mutuo.
Respeto y tolerancia son la culminación de la verdadera madurez, por eso son virtudes personales e íntimas. Tolerancia y respeto van de la mano, se incluyen y coexisten respetar al otro y ser tolerante con sus diferencias nos hace seres humanos más serenos autocontrolados, de mentes más abiertas, flexibles y libres, lo cual nos permite resolver con mayor facilidad cualquier tipo de situación.
Quizá estos términos puedan parecer que se practican mejor en compañía, pero no, no es así… el primero que debe de ser tolerante y paciente es uno mismo consigo mismo, porque es en momentos como éstos cuando parece que el tiempo sobra y la extensión de los días se alarga, dónde nos surgen y nos asaltan esos pensamientos, emociones, sentimientos y razonamientos que hemos procrastinado. Ahora es un buen momento de atenderlos, ordenarlos, reinventarlos y situarlos en el orden que merecen. El primero que merece estar en paz es uno mismo, porque usted es y siempre será su mejor amigo, y por supuesto su mejor compañía.
Escúchese, haga un esfuerzo profundo por comprender sus acciones y sus omisiones, analice sus intenciones, y sea tolerante con esa parte que le desespera, le molesta, le distrae y sí respete el estado que hoy debe guardar por su bien y el de todos, y por sobre todas las cosas conviértase en su mejor amigo o mejore si cabe su relación con su interior, ríase, baile, háblese, consiéntase en la medida de lo posible y procure en todo momento atender esos pendientes que ha dejado con usted, con su vida, con sus sueños y sus más profundos sentimientos.
Y para todos aquellos que están en compañía, escuche también a los que tiene alrededor, aproveche a conocerles más, a analizar qué quieren, qué les gusta, con qué sueñan, cuáles son sus miedos, sus alegrías, sus tristezas; reconforte, contenga, respete los silencios, los espacios de cada uno, sus tiempos y hasta sus momentos más bajos… y permita también que le conozcan un poco mejor y más.
Por eso hoy le invito a aprovechar el tiempo, a sensibilizarse ante su realidad y la de todos, a ser tolerante y respetuoso, a dar lo mejor de usted cada día y a conocerse más a sí mismo y a su entorno, porque bien se dice que es en las grandes ocasiones donde el carácter se pone a prueba. Haga como un buen auriga su mejor esfuerzo. Como siempre usted elige.
¡Felices acciones, felices vidas!