El líder máximo de Arabia, el príncipe Mohamed bin Salman (MBS), delineó desde hace años un proyecto de desarrollo para su país sumamente ambicioso destinado a diversificar su estructura a fin de que su economía dejara de ser dependiente únicamente de sus ricas reservas petroleras. Ha buscado colocar a su reino en calidad de centro financiero moderno y atractivo turísticamente, mediante planes ambiciosos que le han significado inversiones billonarias que por lo pronto están apareciendo como un inmenso desperdicio de recursos. Si bien sigue siendo Arabia el corazón del mundo islámico en razón de ser sus ciudades sagradas –Meca y Medina–, la cuna de la fe musulmana, las dificultades a las que se enfrenta en la actualidad auguran tempestades y desafíos frente a los cuales no hay por lo pronto mecanismos a la mano para conjurarlos.
¿De dónde proviene esa fragilidad? ¿Cómo a pesar de su inmensa riqueza energética se habla de una crisis severa? La clave de ello reside en su añeja confrontación con Irán, potencia islámica de identidad chiita cuyas ambiciones de hegemonía regional han amenazado los intereses del Reino árabe desde hace décadas. Es decir, a partir del establecimiento de la República Islámica de los ayatolas en Teherán, se perfiló una competencia feroz entre esos dos polos del mundo musulmán, el chiita y el sunita, representado este último por el régimen de Riad. A pesar de vaivenes en la política estadunidense hacia Arabia, al llegar Trump a la presidencia de EU en su primer mandato, MBS depositó toda su confianza en el paraguas protector de EU –no en balde habían transcurrido ya cerca de 70 años de intensa colaboración económica entre los dos países– y, sin embargo, cuando en 2019 Irán y los hutíes atacaron la refinería saudita de Abqaiq-Aramco, reduciendo la producción de crudo a la mitad, Trump decidió no intervenir, enviando el mensaje a MBS de que el escudo protector estadunidense no iba a operar en aquel momento. Así que no le quedó más remedio al soberano saudita que recurrir a políticas de apaciguamiento en su complicada relación con el gobierno de Teherán, con el objetivo fundamental de protegerse de la posibilidad de nuevos ataques. Pero ¡oh, sorpresa! los beneficios de tal apaciguamiento duraron tan sólo cuatro años, ya que a partir del ataque de Hamás a Israel del 7 de octubre de 2023, la lógica que sostenía el statu quo desapareció.
A lo largo de los últimos tres años misiles, bombas y drones de procedencia iraní o hutí han llovido sobre los países árabes del Golfo y, en ese contexto, Arabia, a pesar de su lugar privilegiado como sede de los sitios más sagrados del islam, no ha estado exenta de tal calamidad. Pareció surgirle una opción salvadora cuando, hace apenas un mes, MBS recibió a líderes de Turquía y Pakistán para firmar un acuerdo de defensa mutua, el llamado Pacto de la Meca, que generó expectativas de un cambio cualitativo en la situación regional. Sin embargo, muy pronto el asunto se desinfló a la primera prueba. Ciudades, barcos e infraestructura saudita han estado siendo atacados repetidamente por los hutíes en los últimos días sin que ni Turquía ni Pakistán se hayan movilizado para defender a su aliado. Por su parte, Trump ha anunciado que en ese pleito no está dispuesto a meterse. Si a ello se agrega que Irán y sus aliados hutíes constantemente obstaculizan la libre navegación tanto por el estrecho de Ormuz como por el mar Rojo y, por tanto, el petróleo saudita no puede distribuirse, la conclusión es que MBS se encuentra en graves aprietos. Algunos analistas afirman que el reino está viviendo su más grande desafío desde 1990 cuando Saddam Hussein invadió Kuwait y amenazó con apoderarse de los campos petroleros sauditas.
¿Qué opciones le quedan a MBS? Teórica y paradójicamente, Israel podría ser una entidad que le brindara ayuda, pero la irresuelta cuestión palestina constituye un obstáculo que impide tal alianza. Es por ello que en estas últimas horas Francia ha enviado fuerzas militares para salvaguardar una refinería y un oleoducto en el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, el cual ha sido objeto de andanadas de ataques de los hutíes en días recientes. Para Macron, quien ha declarado que su actuación ahí no implica un involucramiento amplio en la guerra en curso, su decisión obedece más que nada a tratar de estabilizar los mercados petroleros y a proteger los proyectos económicos de gran envergadura acordados entre la nación gala y Arabia. Habrá que estar atentos al papel que en esta crisis podrían jugar naciones extrarregionales que, ante la presión de la crisis energética global, se vean obligadas a intervenir, como lo está haciendo Francia.
