Aprovechar la vida V. El ingenio

Se requiere mucho ingenio para no naufragar en la popularidad.

Remy de Gourmont

Siempre he considerado que para disfrutar de la vida se necesita ingenio. Y no cualquier ingenio, sino ése que uno elige producto de una mezcla de necesidad e ilusión, de ésos que se encuentran motivados por el deseo profundo de ir más allá de todo lo que le rodea, incluso —y más interesante— de sí mismo.

El ingenio es usar la creatividad y la agilidad mental para convertir la vida diaria en oportunidades de aprendizaje. No sólo se trata de “vivir” por vivir en automático, sino en interpretar, probar, observar y ajustar continuamente eso que hemos creído, nos han hecho creer o hemos aprendido. Y como bien sabe ya, mi querido lector, en este espacio solemos inclinarnos a favor del desaprender y del editar sobre la vida, y el ingenio tiene mucho que ver con esas nobles y necesarias capacidades de reinventarnos a favor de nosotros mismos.

Para aprovechar la vida, insisto, hay que usar el ingenio para poder desaprender lo aprendido y editar nuestra propia vida a favor de nosotros mismos, sobre todo de ese discurso interno con el que alimentamos nuestro pensamiento cada día y diseñamos una planificación nueva para interpretar nuestra realidad, porque nuestros sentidos siempre podrán percibir muchas señales, y nuestro cerebro interpretarlas, sin embargo, el poder y el deber de ambos —percepción e interpretación— no va más allá de aquello para lo que fueron creados: protegernos, salvaguardar nuestra vida y  prever escenarios conforme a lo aprendido, es decir, no tienen el ingenio de crear nuevas alternativas.

Es la metacognición, la capacidad de pensar nuestro propio pensamiento, lo que nos permite generar esas nuevas vías de interpretación y determinar libremente nuestras acciones. Y esto no es baladí, en la vida lo es todo…

Es la enorme diferencia entre reaccionar y accionar eligiendo, es la diferencia entre ser víctima de las circunstancias y enaltecer en nuestra propia historia a nuestros verdugos o ser los protagonistas de la misma sometiendo al destierro de esa historia propia a quienes pretendieron adueñarse de ella. Es también la diferencia entre el fracaso y el éxito, entre la alegría de vivir o el subsistir, es la diferencia entre la eterna resiliencia y la resistencia de ir más allá y superar las expectativas; es la enorme diferencia entre ser usted mismo su mejor amigo y confidente, y ser su peor enemigo… Y es, finalmente, la diferencia entre vivir su propia vida o vivirla a través de las experiencias y expectativas ajenas. Sí, mi querido lector, hace falta mucho ingenio para aprovechar la vida que tenemos, para insistir en ella con uñas y dientes, para exigir de ella algo más que lo que se siente y se interpreta de forma primaria, y reeducarnos en nuestra manera de ser y de existir. Porque no se puede evolucionar sin hacer ese esfuerzo de cambiar los patrones de pensamiento y de acción, porque no se puede evolucionar sin reinterpretar las experiencias vividas, sobre todo ésas que quieren quedarse abiertas en la mente y en el corazón…

Créame, mejor elija el ingenio para desaprender lo aprendido y aprender algo nuevo y beneficioso en su lugar; mejor aprenda, con esto, a editar su vida a su favor colocándose en su papel protagónico; mejor elija elegirse diariamente y aprovechar su vida yendo más allá de lo conocido, porque es su vida y de eso se trata: de vivirse en ella plenamente.

Recuerde que desaprender es un proceso de dejar de usar patrones automáticos que antes sirvieron o se formaron en el aprendizaje y reemplazarlos por conductas más útiles y conscientes. No es forzarse a cambiar ni negar lo vivido, sino actualizar su sistema de hábitos. Y editar es elegir, es seleccionar, ajustar y reescribir nuestra relación con la realidad, dejando vivo sólo lo que merece un lugar en nuestra historia. De ahí que se necesite ingenio para crear esa nueva realidad en su manera de percibir e interpretar la vida, que es un privilegio, y ni ella ni usted merecen menos que aprovecharse. Allá quienes insistan en las medianías, en la condena de seguir siendo los mismos e ir en retroceso; allá quienes elijan la zozobra y le teman a lo desconocido, porque si siempre se va en la misma vía, sólo se puede seguir viajando en círculos… Piénselo. Como siempre, usted elige.

¡Felices ingenios, felices vidas!