Limosnas

Le invito a ser libre y valorar sus deseos y sueños, a ponderar sus oportunidades

Que no sea de otro quien puede ser dueño de sí mismo.

Paracelso

Las limosnas son una ayuda voluntaria que se da a alguna institución o persona sin esperar nada a cambio. En principio esta acción es buena si se aplica como debe ser y para los fines que se pretenden... el problema es cuando, por alguna razón, las personas ayudan a otros a los que llegan a considerar instituciones en su vida y además esperan algo a cambio. O bien, cuando alguien recibe la limosna a fin de seguir siendo o estando presente en la vida de su benefactor.

Y las hay, hay personas que se entregan fielmente a la causa del otro hasta el punto de casi desaparecer... las hay que con poco que reciban son felices... y las hay que no importa lo que obtengan... cualquier cosa, cualquier trato o cualquier actitud a fin de seguir perteneciendo. Ya lo he dicho: hay personas que se venden, se rentan y se alquilan por muy poco; eso con el tiempo sale caro... muy caro.

Pero así viven de limosnas... De un poco de amor, de un poco de atención, de un ínfimo detalle, de una mínima oportunidad, así viven... entregando su vida a la miseria, al desconocimiento y atención personal, enfocados a la desvalorización permanente de sí mismos y minimizando la capacidad de ser lo mejor que pudieran ser cada día.

Nada ni nadie vale más que uno mismo; uno siempre será lo más importante, pero estas personas no lo ven y, peor aún, no lo sienten porque no se sienten capaces ni a la altura de sus deseos ni de sus sueños, y jamás se podrá acceder a aquello para lo que ellos en sí mismos no están preparados ¿por qué tendría que ser diferente si se acepta lo mínimo como máximo?... no habrá nunca esa conciencia para quien elige vivir de limosnas, pero tampoco para quien elige darlas a fin de obtener beneficios con el mínimo esfuerzo.

Es impermisible y contradictorio para la felicidad vivir así porque sólo se engañan unos y otros, autoconvenciéndose de que los mínimos son suficientes. Los mínimos no son buenos para nada ni para nadie y quien esté dispuesto a aceptarlos como primer y último recurso es porque no espera ni aspira a algo mejor.  Por eso hoy le invito a ser libre y a valorarse y valorar sus deseos y sus sueños, a ponderar sus oportunidades y a redimirse de esas limosnas que ha aceptado por no dejar de pertenecer o que ha dado por no perder... quien poco da, poco recibe y quien poco recibe y lo acepta, de poco se siente merecedor.

No acepte menos de lo que merece en ningún aspecto de su vida porque hacerlo equivale a permitir que otro tenga el poder de ponderar su valía, y a lo que sí y a lo que no puede acceder. No se puede vivir de limosnas cuando se tiene todo para vivir libremente. Someterse a tal limitación es una absoluta falta de amor propio y de consideración hacia uno mismo.

La limosna es un acto de buena fe, pero hace falta la intención y el motivo correcto. Quien lo utiliza para beneficio propio, para manipular o para simplemente dejar de enfrentarse a sí mismo, a sus necesidades y vacíos, no es más que un fullero, un embaucador y un saboteador de su propia vida. Mejor elija siempre la independencia, el valor, el honor y la dignidad que su vida merece... Nunca será suficiente para ser feliz lo que sobra a alguien más o lo que ese alguien no necesita. No acepte ni sobras ni limosnas, acepte lo mejor para ser y aspirar siempre a lo mejor. Como siempre usted elige... ¡Felices respetos, felices valías!

Temas: