Certezas de sabio

Yo siempre he dudado de aquellos que creen tener todo bajo control.

Se mide la inteligencia del individuo por la cantidad de incertidumbres que es capaz de soportar.

                Immanuel Kant

Todas las certezas del sabio siempre se relacionan con el cambio. En eso radica su profunda inteligencia… en saber que todo muda todo el tiempo. El sabio es sabio, porque está preparado para soportar la incertidumbre.

Y sin embargo, algunas personas se empeñan… se empeñan cada día y con profundo ahínco en su afán  de demostrar que saben más que los demás, que pueden prever, que pueden, incluso, adivinar lo que sea que vaya a pasar… y  disfrutan sin ningún recelo de manifestarlo con la poca gracia de  su seguridad inflamada…

Inflamada de ego, de conocimientos banales, de razonamientos prematuros, de deseos cautivos, de análisis precarios, y aún así… se empeñan con profundo ahínco…

Se empeñan en pretender demostrar que saben más de todo y más que nadie e incluso caen en el absurdo de también pretender demostrar que saben más de nosotros mismos, más de nuestros pensamientos, razonamientos y emociones… y aún así se creen  acertados  y certeros en todo.

Califican, descalifican, juzgan, interpretan, malinterpretan, hablan, critican, revuelven, revolucionan… y todo para al final callar… para callar, cuando la vida no les presenta todas aquellas cosas a las que se han acostumbrado… esas que nadie espera, que nadie puede prever… esas las que todo lo cambian, esas que nos obligan a  elegir, esas que les enfrentan con severidad a la soberbia de la que se han vanagloriado al haber dicho que todo lo tenían… bajo control.

En la vida nunca nada está bajo control, excepto la  propia vida. Es la propia vida la que tiene el poder de descontrolarnos, de sacarnos de la monotonía, de lo común, de lo seguro… en la vida no hay garantías… aunque muchos se empeñen en implorarlas.

En la vida lo único que  tenemos seguro son cambios, incertidumbres manifiestas, y algunos se aferran en no creerlo, pero esos son los cambios a los que hay verdaderamente que saber responder… esos cambios a los que nos obliga la vida en su impermanecia, en su… incertidumbre.

Por eso, deberíamos estar preparados para combatir esa profunda necesidad que sentimos de mantener nuestra vida  rodeada de  seguridades, garantías y permanencias. Por eso, el sabio no tiene miedo, por eso el sabio no sufre las pérdidas sino que espera con ilusión lo que está por venir, por eso no se aferra al pasado porque sabe que existe un presente, por eso no se aferra a sus éxitos porque sabe que se irán, por eso no se preocupa tanto por las palabras, las sentencias y los actos de aquellos que creen con tanta soberbia tener todo bajo control… porque el sabio sabe que también ese control se irá…

El sabio entiende que la conciencia del cambio es la única conciencia posible, por eso es un firme creyente de la realidad, de la verdad, de lo que es y de lo que puede llegar a ser… El sabio sólo se prepara para vivir, no prepara la vida para vivirla, y  seguramente ese sea… su mayor acierto.

Por eso, hoy lo invito a vivir como el sabio, viva para vivir y no prepare la vida para poder hacerlo. La vida ahí está, no puede controlarla, la vida es libre y usted es sólo un sujeto con la oportunidad que la vida le brinda en espera  de ser conquistada, disfrutada y comprendida… pero no nunca controlada.  La vida y el control no se llevan bien, al igual que el sabio que dice no saber nada y el ignorante que considera que todo lo sabe. Y no hay peor ignorante que aquel que cree que puede controlarlo todo, a las personas, al entorno, a las circunstancias y a la vida.

La necesidad de control sólo es un claro reflejo del miedo y de la inseguridad de vivir. El que quiere controlar la vida, las demás vidas… es sólo aquel que teme vivir, que teme a los que viven, que teme hasta su propia vida y se teme a sí mismo.

Créame, el que mucho pretende controlar, miedo tiene de perder sus mínimos, porque vive sólo en ese panorama que cree y siente bajo su control. En los mínimos de su capacidad, de su persona, de su mundo, en los mínimos… de su vida.

Yo siempre he dudado de aquellos que creen tener todo bajo control, dudo y me entristezco por su corta mira, por sus pobres experiencias, por sus efímeros análisis, por su necedad, por su insatisfacción, por sus retenciones pasadas, presentes y futuras, por sus éxitos que siguen presumiendo y nunca refrendando, por sus fracasos que siguen recordando y nunca  corrigiendo.

Allá ellos, que han elegido vivir pretendiendo controlar su pequeño espacio. En lo personal debo reconocer que no existe mejor experiencia que fluir en la vida con la certeza de que tengo tres obligaciones básicas, ser lo mejor que pueda llegar a ser, respetar la libertad, y tener siempre una conciencia de cambio, para mí y para los demás… porque todos tenemos la oportunidad de ser mejores, de ser libres y de cambiar. Nadie podrá negar que sin duda, es algo digno de respeto.

Y no me atrevería a decir que eso es ser inteligente, pero sí me atrevo a decir que es una manera inteligente de prepararse para vivir con todas sus incertidumbres. Porque al final de todo y en el principio obligado que le sucede, es necesario entender que lo único que debe ser preparado para vivir es uno mismo, nunca la vida, uno mismo es quien debe de prepararse para vivir intensamente el tiempo que nos quede por vivir.

Por eso, vívase en la vida y no intente controlarla, mejor aprenda que la vida lleva implícita libertad, impermanencia, cambios, evolución… goce de ella y de su perfección y sobre todo hágalo apelando a su inteligencia.

¡Felices incertidumbres, felices libertades!

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