El titubeo
Exige de nosotros una elección y una elección implica una responsabilidad.

Paola Domínguez Boullosa
La coach
Titubear, todos podemos titubear.
Titubear se define, según la Real Academia de la Lengua Española, como: oscilar, perdiendo la estabilidad y firmeza, tropezar o vacilar en la elección o pronunciación de las palabras y también como sentir perplejidad en algún punto o materia.
Por eso todos podemos, en algún punto de nuestra vida, titubear, porque sólo no titubea el que no tiene que elegir, aquel que no ha tropezado o vacilado nunca o peor aún, aquel que nunca ha sentido perplejidad ante algo. Visto así, el espacio gris del titubeo provee bastante luz, una vez que se le admite en nuestras vidas como algo profundamente necesario para elegir, para mejorar, o bien para aprender algo nuevo
Todos podemos titubear… porque en la vida se trata de elegir, de mejorar y porque en la vida se trata de aprender. El titubeo trae implícito el discernimiento, la reflexión, el asombro e incluso la confusión, el cansancio y el hartazgo, pero siempre trae también un nuevo comienzo, o al menos eso se espera… Ocurre con frecuencia que los seres humanos establecen el titubeo como zona de confort, como el espacio de “a salvo”, “mientras decido” o bien “mientras decido nunca decidir”… y eso es lo peligroso que puede tener el titubeo, que al no ser manejado como una herramienta de crecimiento, se convierte en un arma paralizante para el blando de carácter que se niega a elegir, a mejorar y por supuesto aprender. Por eso es absolutamente necesario saber las razones por las cuales titubeamos.
El titubeo exige de nosotros una elección y una elección implica una responsabilidad, por eso es muy común ver a tantas personas confundir el titubear con el no saber. Sólo los blandos se esconden donde puedan no ser ellos los que tomen decisiones.
Cuando el titubeo se excede en tiempo y formas termina por conectarse a una especie de pensador artificial que sólo permite razonar lo básico y medianamente vital, de ahí que el no sé se convierta en su máxima respuesta. Y no sé nunca puede ser una respuesta aceptada frente a un acto cometido, una elección tomada o una idea planteada; el no sé sólo puede permitirse previamente a la toma de una acción, una elección o una comisión, pero nunca posteriormente… porque todos podemos desconocer muchas cosas y aceptar sabiamente que no sabemos, pero no saber por qué pensamos, sentimos o hacemos algo… eso no es permisible. Lo invito a titubear con la firme convicción de que el titubeo debe ser temporal y eficientemente utilizado, y nunca como antesala de irresponsabilidad o ligereza. Porque hasta las dudas que se involucran en el titubeo necesitan siempre disiparse por medio de la razón.
Recuerde desechar la respuesta no sé ante todas sus acciones e incluso ante sus titubeos, porque no saber no es lo mismo que titubear; el que titubea y lo acepta, seguro que estará en camino a transformarse. Pasa distinto ante un no sé, porque aquel que no sabe por qué elige o deja de elegir tampoco tiene claro quién es, qué quiere o hacia dónde va. Aproveche ese titubeo para dudar de todo y sobre todo cuanto necesite dudar, pregunte, investigue, experimente, analice, o bien, suelte, libere y descanse, pero retome y elija. Las pausas siempre son necesarias pero no pueden ser permanentes; se lo digo porque sin importar cuál sea el motivo por el cual hoy titubee, incluso ese motivo será impermanente, así que tendrá que decidir, y en su vida existirán siempre motivos por los cuales titubear y que tomar;tropiezos que enfrentar y lecciones que aprender. Atrévase y titubee bajo la responsabilidad de definirse y definir lo mejor para su vida. Una vez que definimos nuestras elecciones, nos definimos en nuestra persona y en nuestra vida, y, créame, no existe nada mejor, pruébelo.