La siquiatría, en auge

El especialista español Enrique Rojas afirma que estamos cada vez más tristes.

Nos lo advirtieron los epidemiólogos al final del siglo pasado: los trastornos siquiátricos habrían de ser la epidemia del siglo XXI. El País (30/04/17) nos ofrece una entrevista con el siquiatra español Enrique Rojas, considerado un best seller con tres millones de libros vendidos, todos sobre males mentales en el presente siglo. Siquiatra y todo, simplista, describe su labor como la mera búsqueda de la felicidad, insistiendo por más de 30 años en nuestros cinco humanos impedimentos para conseguirla: hedonismo, permisividad, nihilismo, relativismo y promiscuidad sexual. Haga cada quien su examen de conciencia. El caso es que Rojas advierte que los siquiatras son hoy día lo que antaño eran los llamados médicos de cabecera —es decir, personajes indispensables para todos, asesores esenciales para el bienestar— a la vez que señala el cada vez más frecuente empleo de la cirugía estética; dos especialidades médicas en auge. Considera, como sabemos todos hoy, que cada vez somos más imagen y casi nada más, “fachada y falta de contenido”, sentencia.

¿Qué otros datos ofrece Rojas? “Somos más proclives hoy día a la depresión en tanto somos una sociedad pesimista en la que prevalece la corrupción”. ¡Tendríamos que invitarlo a México! Reclama cuatro ingredientes para un proyecto sano de vida: amor, trabajo, cultura y amistad. Destaca la falta de líderes y el desprestigio de los políticos, afirma que estamos cada vez más tristes, porque nos creemos obligados a alcanzar grandes logros, advierte que poseemos mucha información y muy poca formación, y remata describiéndonos —mal de la época— la condición que llama “Síndrome de Simón”: hombres solteros (S), sentimentalmente inmaduros (I), materialistas (M), obsesionados por el éxito (O), “grandes narcisistas” (N). Y sí, coincido en que los hombres estamos más confundidos —¡todavía!— que las mujeres. Serán las luchas de ellas por la equidad, quizá los logros que hayan ido cosechando, los machos parecen arrinconados y en off side. Nada más, hallazgo cotidiano, no encuentran el rol que les garantice bienestar a partir de su larga lista de “nis”: ni proveedores ni cuidadores ni seductores o cortejadores ni amantes ni intrépidos o rudos ni parranderos ni nada. Una hipótesis, únicamente: ¿tal arrinconamiento podría ser producto de la presión social generada por la postura feminista? Es decir, “Laura” como prototipo: liberada, autónoma, universitaria y racionalizadora del amor.

En último término, ni Laura ni Simón la pasan bien, y el bienestar parece hallarse más comprometido que en otros tiempos, para las mujeres insatisfechas con el precio que habrían de pagar en la legitimización feminista, para los hombres desplazados de una masculinidad de la que, se considera, hicieron mal uso. Según Rojas, estos “siquiatras de cabecera” deberán participar fomentando los cambios culturales necesarios para un ajuste de roles: femineidad y masculinidad complementarias en vez de antagónicas y competitivas.

El texto quedaría incompleto sin una breve mención de los males que aquejan a esta pareja que no consigue ajustarse a los nuevos requerimientos. Vale la pena recordar que a cada trastorno mental, con sus síntomas y la discapacidad asociada a ellos, puede relacionársele con alguna aptitud consecutiva. Por ejemplo, el trastorno bipolar ha sido asociado con la creatividad, las personas que sufren de ansiedad son socialmente más aptas por su empatía, y quienes sufren depresión exhiben una aguda inteligencia analítica, no en vano son poetas y finalmente filósofos. En síntesis: en busca de nuevos arreglos para los roles de género —condición impostergable para el bienestar— cada quien habrá de buscarse su siquiatra de cabecera. Le deseo fortuna en su elección.

Twitter: @obenassinif

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