De que la perra es brava…

Ocho constituyentes panistas votaron en la aprobación del “matrimonio igualitario”.

Excélsior (17/I/17) da cuenta de la propuesta de un ortodoxo panista: su partido habrá de expulsar de sus filas a ocho de sus constituyentes, de esos que hoy hacen historia elaborando el documento que, en lo sucesivo, regirá a la recién creada entidad federativa: la Ciudad de México. Resulta que los tales constituyentes participaron con su voto en la aprobación del llamado “matrimonio igualitario”, nombre con el que se conoce al matrimonio entre personas del mismo género o matrimonio “gay”. Nuestro funcionario panista considera que votar a favor de que el matrimonio igualitario quede establecido en la nueva Constitución viola, de modo más que claro, la ideología del PAN. En tanto, tres constituyentes panistas más votaron en contra de la propuesta y, con ello, demostraron su veneración por los preceptos morales partidarios

Sirve la anécdota, que da cuenta de la tendenciosísima visión panista del mundo, para recordarnos —sobre todo a quienes no la han visitado— los últimos días de la exposición Que se abra esa puerta, sexualidad, sensualidad y erotismo, que desde agosto del año pasado se presenta en el Museo del Estanquillo. En entrevista televisiva, Rafael Barajas, el ilustre Fisgón, maestro de la caricatura, nos hizo ver que la exhibición tiene un tercer título alternativo: Vida amorosa y sexual de los mexicanos desde el padre Ripalda hasta el padre Maciel. Esencial el comentario porque pone el acento en el pecado de los panistas constituyentes. Que se abra esa puerta… arranca de los conceptos Ripaldianos acerca de la lujuria, “apetito torpe a las cosas carnales”, la castidad y “la inclinación a la pureza”. Doscientas cincuenta piezas de artistas nacionales y extranjeros nos hacen viajar desde la concepción de la sexualidad en el México de la Colonia hasta el modo en que los grupos LGBT han precipitado cambios culturales para legitimar el derecho de cualquiera a decidir acerca del ejercicio de la sexualidad, la vida en pareja y el matrimonio. El Fisgón nos recordó aquel proceso de nuestra Santa Inquisición contra 19 homosexuales que fueron condenados por tal crimen a morir en la hoguera. Así se las gastaba la Iglesia católica, así quiere el PAN que sigan siendo las cosas, porque su secta madre, “el yunque”, así lo manda.

Curioso, me había yo quedado en que el asunto no era en contra de los homosexuales, sino en favor de la familia, y por eso habían marchado tantos más cuantos miles de mexicanos. La expulsión que hoy recomienda el PAN contra sus constituyentes me hace recuperar su fobia original, la que condena a la homosexualidad porque la entiende como una forma de perversión. Claro que en la casa en la que crecí no faltó el Catecismo del padre Ripalda, obligado también para los curitas que trataban de educar mi sexualidad adolescente, jesuitas como el propio padre autor, que por lo menos fue discreto. Nada se le supo que sugiriera desviación alguna, a diferencia de Marcial Maciel, el fundador de una orden religiosa que, amparado en ella, practicó sistemáticamente el abuso sexual de tantísimos niños durante décadas. Si el PAN, el yunque y Maciel jugaron en el mismo equipo, y si en pleno siglo XXI un partido político decide expulsar a algunos de sus más ilustres militantes por votar en pro de la libertad, obligado debiera serles visitar lo que se exhibe en el Museo del Estanquillo. Visto que no van a hacerlo, me ofrezco como reportero voluntario para repetir mi visita, esta vez para darles cuenta de algunas de las “perlas” que son hoy testimonio de la vergonzosa hipocresía que rige en un pretendido partido político cuya memoria no le alcanza para cinco décadas de perversión de la llamada “Legión de Cristo”.

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