Propósitos y profecías
El asunto ya se pudrió. Estrenada apenas
la democracia, se nos fue a la basura.
Aunque en esencia los últimos del año sean los mismos que los de cualquier otra semana de las 52 que conforman cada ciclo, y aun si al pasar de una a otra fecha no comienza ni termina nada, para que uno se haga la vida de continuidades, tenemos que vivir las fiestas con esa esperanza que tanto se estila, esa que nos hace ver tiempos distintos. Que fue un mal año, parece la consigna para concluir éste. Murió Fidel y con él los últimos vestigios de las utopías avejentadas por sus fracasos. Murieron muchos —esta vez sí retamos a los promedios de otros años— personajes del chou bisnes, esenciales algunos como George Michael y David Bowie, de relleno tantos otros. Y, sobre todo, ganó el red neck del bisoñé, pecoso como todos y estúpido hasta hacernos cuestionar el sensato equilibrio que en otras épocas le suponíamos al mundo. Año de derechas, se escuchan las quejas, para casi ocho mil millones de personas amenazadas por una economía chatarra, de pura especulación que de cualquier manera tendría que venirse abajo. De México no hay mucho que decir más allá de las avalanchas de memes de Facebook, compartidos cientos de miles de veces, porque hacen creer a muchos que con “balconear” políticos les sale a relucir la conciencia social.
¿Propósitos? Esos nunca le han de faltar a la naturaleza humana, cada mañana, cada lunes y cada 1º de enero. ¿Los míos? Quiero creer que no difieren en mucho de los de mis paisanos mexicanos, en un “me gustaría” personal que pudiera volverse infección, que se regara como peste indispensable para contrarrestar la peste en que nos están ahogando.
La política en primer lugar, y tal vez debiera escribir “los políticos”. El asunto ya se pudrió. Estrenada casi apenas la democracia, se nos fue a la basura. No fuimos nosotros, estoy seguro, fueron sus artífices, con esa voracidad que a mí me hunde en la más absoluta desolación. Izquierdas moderadas y radicales, centristas, derechistas hipócritas o fanáticos del “yunque”, toda nuestra clase política nos hace ver que no existe más que un solo propósito para el 2017. Hay que trabajar para que todos nosotros, los afectados, rompamos del todo con lo político. Neguémonos a ser escuchas, entendamos la absurda trampa de hacernos participar, para que alcancemos el 2018 en la mejor de las situaciones: elecciones sin electores, porque los “gobernados” por esta caterva de corruptos incompetentes vamos a negarles ese aval que hasta ahora hemos dado una y otra vez con nuestro voto.
La economía en segundo lugar, la de cada quien, porque la del mundo no puede estar más echada a perder. Hay que rematar al modelo corporativo, agonizante ya. Debiéramos trabajar cada uno para sí mismo, sin patrón, sin más directriz que hacer lo que sabemos y ganar lo que necesitamos. Me gusta imaginar legiones de profesionistas jóvenes que no toman ningún empleo, porque prefieren ejercer su función social por sí y para sí.
Los “medios” en tercer lugar. Basta de los mismos enriqueciéndose con la pretendida comunicación. Muerte por abandono a la televisión abierta y a sus bodrios ancestrales. Menos Facebook y un consumo cada vez mayor de las expresiones de arte y cultura, menos gadgets, menos de esa falsa y absurda imagen de cada quien, la que nos han estado obligando a hacernos. Todavía le apuesto a que seremos capaces de sustituirla por la introspección y la reflexión.
¡Ah!, ya se me iba, una profecía: continuaremos la lenta e inexorable invasión del territorio, la economía y la cultura de los gringos. California y Texas casi son nuestros; no vamos mal en Chicago y Nueva York, por ejemplo. Hordas de connacionales rumbo al norte, ¡no habrá muro, ni en 2017 ni nunca!, con un Donald Trump camino al ridículo histórico. Felices fiestas (sin gasolina).
Twitter: @obenassinif
