Por Fadlala Akabani*
Por motivos de agenda electoral, Donald Trump desprecia el libre comercio en Norteamérica y afirma que Estados Unidos no necesita nada de México ni de Canadá. Se trata de propaganda que no considera datos como la participación del PIB global, el T-MEC (29%) es mayor que la Unión Europea (16%) y ligeramente menor que el RCEP (30%), de 15 miembros entre los que destacan China, Japón, Corea del Sur y Australia.
Parte de la retórica trumpista es que el T-MEC, cuyas condiciones fueron negociadas por su equipo durante su primer mandato (2017-2021), no ha logrado revertir el déficit en el intercambio comercial de Estados Unidos con sus vecinos. Sin embargo, una de las principales causas del déficit es la integración vertical de las cadenas productivas en Norteamérica, especialmente en las industrias automotriz, electrónica y aeroespacial.
Esta arquitectura industrial-comercial, es la ventaja que aún permite competir a Estados Unidos contra China; la integración de tres economías competitivas en un solo engranaje industrial, donde básicamente Canadá aporta materia prima, México ensamblaje y manufactura, mientras Estados Unidos provee la ingeniería, el diseño, la tecnología y el software.
Esto no parece ser suficiente para Donald Trump, quien, por medio de aranceles de 25% ha conseguido la relocalización, al menos parcial, de plantas productivas de la industria automotriz. General Motors anunció en 2025 el traslado de México a Estados Unidos del ensamblaje de dos modelos SUV; Toyota hizo lo propio este 2026 con parte de la línea de producción de su pick up más vendida. Casos como el de Honda implican trasladar operaciones también desde Canadá hacia Estados Unidos. Este fenómeno no es producto de las dinámicas económicas, sino de la presión política ejercida por Washington.
El 1 de julio de 2026 se cumplió el plazo de seis años para renovar el T-MEC; la renovación del acuerdo implicaba la posibilidad de extenderlo tal cual, o con cambios menores, por 16 años más. La alternativa, es decir, la no renovación por parte de Estados Unidos mantiene el acuerdo vigente por 10 años más, con revisiones anuales. Este último escenario es en el que nos encontramos actualmente.
Washington realmente no se puede permitir perder a sus socios y vecinos si quiere mantener competitividad global, se trata principalmente de una estrategia más agresiva, que deja de lado la negociación de acuerdos por la imposición de condiciones. Como en otras aristas de la relación bilateral, el gobierno de México se encuentra ante una compleja coyuntura en que debe salvaguardar los intereses industriales y económicos del país, sin abandonar los canales de diálogo, negociación y colaboración con Estados Unidos.
En noviembre de 2024, el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria detectó el primer caso de gusano barrenador en Chiapas, esto ocasionó la inmediata prohibición al ingreso de ganado vivo a Estados Unidos; desde entonces a la fecha ha habido múltiples suspensiones temporales. El gobierno de México no ha dejado de trabajar conjuntamente con autoridades estadunidenses para reactivar la producción de moscas infértiles, método probado para acabar con la epidemia. A su vez, la agroindustria mexicana profundiza su papel en la cadena de valor, aumentando sus capacidades en el procesamiento de carne; en 2026 hubo un crecimiento de 23% en la exportación de carne refrigerada.
Conclusión: Estados Unidos no puede prescindir del comercio con México, y si decide hacerlo, podremos adaptarnos a ese escenario, industrial y comercialmente.
*Analista
