No podemos respirar

Lo que pasó en Tulum es el reflejo de la discriminación histórica que impide el avance de México

Por Catalina Monreal

Tenía nombre: Victoria Esperanza Salazar, 36 años. Nació en Sonsonate, El Salvador. Era refugiada. Hoy le sobrevive una familia que la llora en Nicaragua y dos hijas que le lloran en México. Hoy nos une la indignación y la condena por su asesinato. El asesinato de Victoria Esperanza es la línea indeleble de la interseccionalidad de la discriminación en México. Ella fue asesinada porque fue mujer, por su condición migratoria, por su clase social.

Lo que pasó en Tulum es el reflejo de la discriminación histórica que impide el avance de México. No queda duda de que, si Victoria Esperanza se llamará John Smith, estaría viva. Que la misoginia y discriminación que permean las fuerzas policiacas en Quintana Roo —allá donde les disparan a las mujeres que protestan por los feminicidios— no molestan a los miles de turistas, americanos y europeos que han alarmado a la sociedad mexicana por su irresponsabilidad en la pandemia. La discriminación y violencia contra migrantes en México es uno de nuestros grandes pendientes como sociedad.

De acuerdo con un informe del Instituto Nacional de Salud Pública, la Universidad Nacional Autónoma de México y la Universidad Autónoma de la Ciudad, un 29% de los migrantes son víctimas de violencia física, sicológica o sexual. La mayoría de los abusos quedan impunes por el temor a ser repatriados y por la desconfianza en las autoridades. Sólo se denuncia uno de cada 10 casos.

Por otra parte, Inegi ha revelado que siete de cada 10 personas detenidas en nuestro país sufrieron amenazas o agresiones de parte de la autoridad que les detuvo. De las más de 64 mil personas encuestadas en 2016, 75% afirmó haber sufrido algún tipo de “violencia sicológica” durante el arresto, esto incluye maltratos tan graves como la asfixia.

Victoria Esperanza la sometieron cuatro elementos policiales, por presunta “alteración del orden” y en un principio se decía que estaba alcoholizada; ambas conductas no ameritan ni ameritarán jamás la pérdida de su vida. Victoria Esperanza sufrió una fractura en la columna, producto del peso de una oficial de policía en su espalda. Victoria Esperanza avisó a la Policía que no podía respirar.

Fue una fuerza policial mezquina, mal entrenada, enfrascada en prejuicios estructurales, que no supo cómo desescalar un altercado, quien utilizó de forma desmedida la fuerza, en total violación de la ley mexicana. Pedir Justicia para Victoria es pedir que se reivindique la justicia en México.

Hoy, las autoridades han obrado con celeridad, y el personal policiaco implicado ya está en custodia esperando un proceso por feminicidio. Existe una investigación por violación de derechos humanos por parte de la Comisión de los Derechos Humanos del Estado de Quintana Roo. Esto es un ejemplo de cómo la impartición de justicia debería de ser: enérgica y rápida.

Queda pendiente saber qué hará el Estado de Quintana Roo para garantizar el bienestar de las hijas de Victoria, refugiadas también. ¿Qué se hará para garantizar la no repetición de estas conductas? Todos estos son elementos importantes si queremos justicia para Victoria.

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