Muertes aceptables
Por Xavier Tello La noticia llamó la atención en las redes sociales: el viernes pasado, Canadá tuvo cero muertes por covid19.En Japón, con una población similar a la de México y tan sólo 1,423 muertes acumuladas, se pierden de diez a trece vidas diarias. Mientras ...
Por Xavier Tello
La noticia llamó la atención en las redes sociales: el viernes pasado, Canadá tuvo cero muertes por covid-19.
En Japón, con una población similar a la de México y tan sólo 1,423 muertes acumuladas, se pierden de diez a trece vidas diarias. Mientras tanto, en España, aun con el gran repunte en contagios tras la reapertura, mueren de 30 a 40 personas diarias en promedio; de mayo a agosto sólo murieron 4 pacientes diarios.
Ya muchos países comenzaron reaperturas y sí, con ello incrementaron sus contagios, sin embargo, sus tasas de letalidad son muy inferiores a las nuestras. En México, según las cifras oficiales, que muestran sólo el 30% de la realidad, mueren diariamente 400, 500 o más de 700 personas. Para el gobierno, esto no es importante.
¿Cuándo dejaron de tener valor las vidas humanas?
Con arrogancia nos dicen que en México “no hemos visto morgues saturadas” y que el “objetivo técnico de tener camas disponibles” se ha cumplido. La realidad es que las morgues sí se han saturado, las funerarias no se dan abasto, se acabaron los certificados de defunción en varias ciudades y la gente sigue muriendo.
Y es que, en México, la estrategia nunca ha sido salvar vidas. Peor aún, pese a que ocupamos el cuarto lugar de muertes en el mundo, un molesto López-Gatell nos regatea e ironiza porque “nos gusta ver totales y sumar números”. Que si comparamos las muertes por millón de habitantes no vamos tan mal. Muy extraño concepto. Una muerte es una tragedia, cientos, una catástrofe; y decenas de miles (oficiales) nos hablan de un verdadero desastre epidemiológico que debería hacernos sentir avergonzados.
El empresario, escritor y tuitero @Zolliker se preguntaba ¿cómo llegamos a ver esto como normal? Es como si dos o tres cines, antros o centros comerciales se quemaran diariamente, matando a 400, 500 u 800 personas… y no pasara nada.
Por si fuera poco, somos el país número uno en muertes de personal de salud. Más de 1,400 médicos, enfermería y personal auxiliar han perdido la vida contagiados. La respuesta de las autoridades: despreciar la metodología del reporte de Amnistía Internacional; total, es posible que hubiera países con más porcentaje de médicos fallecidos, por lo que 1,400 muertes son aceptables. Es más, según la Secretaría de Salud, estos son culpables de su propia muerte por descuidados o tener factores de riesgo.
Al “zar de la pandemia” le molesta mucho que le recuerden las cifras. Es hacerle deslucir su trabajo y sus gráficas de Power Point en las que muestra ufano sus camas vacías. La semana pasada, un grupo de seis extitulares de la Secretaría de Salud, publicó un documento de más de 140 páginas con un certero análisis de las deficiencias del manejo de esta crisis y 14 recomendaciones. Su reacción fue de una soberbia pocas veces vista en un funcionario.
Sabemos que la estrategia no cambiará, pero, sólo por fantasear ¿qué pasaría si hubiera un golpe de timón? Que, en vez de camas vacías, el nuevo objetivo fuera: cero muertos.
Esto implicaría hacer cambios radicales en criterios, tácticas, responsabilidades e inversiones. Significaría que habría que hacer pruebas para detectar, identificar, cercar y aislar contactos. Haría necesario hacer obligatorio el uso de cubrebocas. Requeriría que la gente acudiera al primer síntoma o sospecha a los centros de atención (que ya ampliaron sus criterios de diagnóstico) con el fin de ingresar lo más pronto posible a un hospital y no esperar al último momento.
Dudo mucho que suceda. La soberbia y tozudez de las autoridades hace imposible que reconozcan en qué han fallado. Cambiar objetivos, estrategia y tácticas, además de hacer ver que se equivocaron, representa realizar grandes gastos que no quieren hacer.
Al final, mientras haya camas vacías, las muertes son aceptables.
