#LeerPorPlacer como un acto de resistencia

Me gusta leer porque es una forma de estar en otro lado, porque me remite a otro estado mental, porque me hace olvidar el malestar que puedo sentir, ya sea por tristeza o enojo por todolo que ocurre, y eso en estos tiempos aciagos lo agradezco como pocas cosas, sin duda, han sido mi tabla de salvación. Pienso en el proceso que lleva hacer un libro: escribirlo, publicarlo, distribuirlo… hay tantas personas involucradas a las que ahora se refieren con total desdén.

Por Jimena de Gortari Ludlow

De las pocas cosas que agradezco a estos muchos meses de pandemia es a los libros que he podido leer, nunca tantos como quisiera —el trabajo ha sido extenuante en esta nueva modalidad—, pero han logrado sacarme de los momentos más difíciles; porque eso logra hacer la literatura, ¿no? Trasladarnos a otros espacios, pensarnos en otras realidades o simplemente confrontarnos con la que estamos viviendo, llevarnos a momentos felices y saber que volverán porque la vida son piezas de distintos tamaños o, simplemente, hacernos sentirnos cercanos a personajes, a lugares, ahora con las redes incluso a autores que pasan por lo mismo que todos.

Asombra, molesta, asusta que quienes son responsables de la educación de este país —el cual, por cierto, lee muy poco (sin pensar en las nuevas generaciones que han perdido ese hábito, por lo menos en casa porque soy lo más lejano a una madre perfecta)— maldigan, vean mal y emitan un juicio de valor al placer de la lectura. Leer por gusto es una de las cosas que aprendí desde niña, primero lo hice a través de los cómics porque, perdonen, pero nadie era capaz de encontrar el amor a Platero y yo que nos hacían leer y releer en la primaria. Después, cuando decidí meterme en los libreros de la casa familiar.

Recuerdo el día que me acerqué a mi madre y le dije que quería leer algo que tuviera que ver con cómo me veía y así conocí a Colette, en una edición hermosa que me regaló; después, mi abuela me presentó a Agatha Christie y mi padre a García Márquez, Paz y Vargas Llosa. En la preparatoria tuvimos un profesor maravilloso —Alejandro Estivill— que nos dio la materia de Literatura Universal y así leímos a Dante, desciframos la Epopeya de Gilgamesh y recorrimos el mundo a través de la maravilla de las letras, ni pensar en el mundo que descubrí en la materia de Literatura Hispano Latinoamericana —con la majestuosa Guadalupe— y mi obsesión por Ángeles, Marcela, Rosario… el mundo de lo que leía parecía tan cercano y comprensible.

No estudié letras, no sé nada de la buena o mala literatura, pero sé que me ha permitido conocer otros mundos y acompañarme en diferentes etapas, como con Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, que me hizo compañía en un viaje con varios destinos, o La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero, en ese viaje a la isla para curarse y, así, tantos otros.

Me gusta leer porque es una forma de estar en otro lado, porque me remite a otro estado mental, porque me hace olvidar el malestar que puedo sentir, ya sea por tristeza o enojo por todo lo que ocurre, y eso en estos tiempos aciagos lo agradezco como pocas cosas, sin duda, han sido mi tabla de salvación. Pienso en el proceso que lleva hacer un libro: escribirlo, publicarlo, distribuirlo… hay tantas personas involucradas a las que ahora se refieren con total desdén.

Confieso que soy capaz de comprar un libro porque la portada me dice algo (así como compro un vino) y la decisión final la tomo cuando, al darle la vuelta, me hace sentido; por cierto, que tengo tal disciplina que los leo hasta el final (los que tengo en papel, ya que en el Kindle acumulo varios inconclusos), ha habido algunos de los cuales lamento no poderles dar forward, como a la variedad de series que pululan en las diferentes plataformas.

No pretendo convencer para que lean a alguien en particular, simplemente creo que vale la pena seguir leyendo por el simple hecho de hacerlo: #LeerPorPlacer.

Leamos, dejémonos llevar por las letras y sus maravillosas historias, relatos y memorias. Agradezcamos a quienes las hacen posibles, autores, editores y distribuidores (una de mis mejores salidas ha sido a una librería y sí, gasté más de lo que podía pagar y aún me regocijo con el olor de las páginas de lo comprado). Si es necesario que ser lectora por placer se convierta en un acto de resistencia… una que nos salve de este mundo de salvajes y de ignorantes, que nos haga pensar que hay otras posibilidades o que, por lo menos, nos remita a otros mundos y nos haga sentir menos solos.

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