Las batallas de Juárez

Por Luis Maldonado Venegas* Hoy se cumplen 158 años de la entrada victoriosa del presidente Benito Juárez a la Ciudad de México, el lunes 11 de enero de 1861, suceso que marcó históricamente el fin de una contienda fratricida entre conservadores opositores a las ...

Por Luis Maldonado Venegas*

Hoy se cumplen 158 años de la entrada victoriosa del presidente Benito Juárez a la Ciudad de México, el lunes 11 de enero de 1861, suceso que marcó históricamente el fin de una contienda fratricida entre conservadores (opositores a las Leyes de Reforma dictadas por el gobierno juarista, en el poder desde 1854), y confrontación civil en la que murieron (según diversas fuentes) alrededor de 8 mil mexicanos: la Guerra de Reforma.

Apenas 20 días antes de aquella fecha memorable, el 22 de diciembre de 1860, el general liberal Jesús González Ortega había librado la última lucha armada de la también llamada Guerra de Tres Años, en la llanura de Calpulalpan, Estado de México, y derrotado al ejército conservador que dirigía Miguel Miramón. 

Las principales Leyes de Reforma, expedidas durante los gobiernos de Juan Álvarez, Ignacio Comonfort y Benito Juárez, tuvieron como objetivo esencial separar los asuntos de la Iglesia de los del Estado.

Fueron siete: Ley Juárez (1855) suprimió los tribunales especiales, abolió fueros militares y religiosos y declaró a todos los ciudadanos iguales ante la ley.

•Ley Iglesias, que prohibió el cobro de derechos y remuneraciones parroquiales.

•Ley Lafragua, que garantiza la libertad de expresión en los medios impresos (1855).

•Ley del Registro Civil, que estableció el registro del estado civil (1857).

•Ley Orgánica de Registro Civil, que estableció que el registro de personas quedaba a cargo de empleados de gobierno y no de la Iglesia (1859).

•Ley de Nacionalización de Bienes Eclesiásticos, complemento de la Ley Lerdo de desamortización de los bienes de la Iglesia.

•Ley de Matrimonio Civil (1859), la cual estableció que el matrimonio religioso no tenía validez oficial.

La entrada triunfal de Benito Juárez a la Ciudad de México significó el restablecimiento de los Poderes federales y la restauración de la República. El surgimiento de un Estado basado en el orden constitucional y en la necesidad de terminar con los privilegios de las clases dominantes, la reactivación de la economía y de oportunidades de empleo.

Pocos imaginaron que estaban ante la primera gran batalla que habría de librar (y ganar) Juárez, en la crucial consolidación de la República y en la formación del Estado mexicano.

Algunos reveses en la guerra contra los conservadores lo obligaron a mantener con dignidad un gobierno itinerante, reveses que reaparecieron con una serie consecutiva de crisis: la suspensión de pagos de la deuda externa, porque la guerra civil había empobrecido al país, y la quinta columna conservadora proclive a buscar una segunda intervención francesa (1862-1867), pues la primera había ocurrido durante la Guerra de los Pasteles, de abril de 1838 a marzo de 1839.

Fue así como, terminada la Guerra de Reforma, el gobierno de Juárez enfrentó otra adversidad: la segunda intervención francesa. Ante la suspensión de pagos, Francia, Reino Unido y España habían formado una alianza para enviar tropas a México. Ya en Veracruz, y ante la derogación de la ley de suspensión de pagos, ingleses y españoles decidieron volver, pero Francia se quedó y anunció la ocupación. Detrás de esta decisión estaba la intención de mexicanos deseosos de implantar una monarquía constitucional en México, corona que le fue obsequiada a Maximiliano de Habsburgo.

La historia ha recogido los detalles del frustrado sueño imperial de Francia. Escribió un cronista sobre el gobierno itinerante de Juárez: “Era aquel un colorido conjunto en el que refulgían el rojo vivo de las mantas, el rojo terroso de algunos coches, el rojizo oscuro de los caballos, el mate de las armas, el blanco de las bufandas, el gris de los sombreros y el azul de los soldados que alcanzaron uniforme”.

El triunfo de la República llegó el 15 de mayo de 1867 en Querétaro, con la rendición de Maximiliano ante Mariano Escobedo. Con el emperador cayeron también sus esbirros Miguel Miramón y Tomás Mejía. A las 7:05 horas del 19 de junio de 1867, tres piquetes republicanos, de seis soldados cada uno, fusilaron a los tres en el Cerro de las Campanas. Cinco años de intervención y el gobierno de un extranjero. Los fusilaron en la ladera del oriente, a unos 350 metros de donde se habían rendido.

Juárez libró y ganó lo que sería su última gran batalla por México. Y no sólo con armas de fuego. También con las de la razón y la justicia.

*Presidente de la Academia Nacional de Historia y Geografía de la UNAM

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