La realidad está forjando una nueva Europa
Amenazada por Putin y presionada por Trump, Europa debe encontrar la manera de desarrollar sus propias capacidades de defensa independientes.
Por Joschka Fischer
BERLÍN.– Estamos asistiendo al surgimiento caótico de un nuevo orden mundial, y el proceso está siendo impulsado por tres líderes abiertamente hostiles a la Unión Europea: los presidentes de EU, Donald Trump; de Rusia, Vladimir Putin, y de China, Xi Jinping. Este nuevo orden tendrá poco en común con el liderado por Estados Unidos que prevaleció en la segunda mitad del siglo XX y en las dos primeras décadas del siglo XXI. Si bien los principales actores nacionales siguen siendo los mismos, sus roles han cambiado, al igual que sus respectivos pesos políticos y económicos.
Esta transformación, sin lugar a duda, es la macrotendencia global dominante de nuestro tiempo. No sólo afectará a Europa, sino que determinará si Europa sobrevive de alguna forma reconocible.
Al igual que el orden internacional liderado por EU que ahora está desapareciendo, la UE tomó forma en la Europa Occidental del periodo inmediatamente posterior a la guerra. La Europa de la posguerra tuvo un gran éxito como proyecto de unificación económica entre Estados anteriormente hostiles. Prosperó bajo la seguridad militar y política proporcionada por el paraguas de defensa estadunidense y el sistema de comercio global de posguerra, que EU ayudó a expandir y sostener.
Pero a medida que el declive del orden estadunidense se hacía más visible en los últimos años, la UE experimentaba graves crisis políticas. 2016 ofreció un doble golpe: el Reino Unido votó a favor de abandonar la Unión y los estadunidenses eligieron a Trump por primera vez. En retrospectiva, ahora sabemos que estos acontecimientos lo cambiaron todo.
Debido al ascenso de China y a la crisis financiera de 2008, el escenario ya estaba preparado para la agitación mundial. Y, aunque en aquel momento el Brexit y la sorprendente victoria de Trump no se consideraron la sentencia de muerte para el orden liderado por EU, desataron fuerzas destructivas que llevaban tiempo acechando bajo la superficie.
La potencia de estas fuerzas se hizo evidente con la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Putin en febrero de 2022, seguida de la reelección de Trump el año pasado. En ese momento, las disputas mezquinas entre el Reino Unido y la UE quedaron pronto en el olvido, sustituidas por una nueva solidaridad militar con Ucrania y un nuevo esfuerzo colectivo para lograr la solidaridad en materia de defensa y seguridad en toda Europa.
La nueva y dura realidad —personificada por Putin— obligaba a todos los europeos (dentro o fuera de la UE) a volver al mismo barco geopolítico. En materia de seguridad, los europeos tienen un interés compartido. Los líderes y la mayoría de los ciudadanos europeos entienden que, si Trump pusiera fin a la garantía de seguridad de EU y retirara sus tropas, Europa tendría que defenderse por sí sola.
Amenazada por Putin y presionada por Trump, Europa debe encontrar la manera de desarrollar sus propias capacidades de defensa independientes. Aunque debe mantener la asociación transatlántica el mayor tiempo posible, no puede ignorar el hecho de que EU, gobernado por Trump, es poco fiable. Debe haber un plan B. Todos los países europeos, ya sea dentro o fuera de la UE, deben rearmarse y desarrollar planes para cualquiera de los dos escenarios: uno con EU en el panorama, y otro sin él.
En ambos casos, los países europeos deben colaborar lo más estrechamente posible, no sólo en defensa, sino también en la revitalización de la economía europea. Esto requiere el liderazgo conjunto de actores más relevantes como Francia, el Reino Unido, Alemania, Italia y Polonia, todos los cuales disponen de los recursos humanitarios, militares y económicos necesarios. Frente a las realidades, las diferencias ideológicas de ayer casi han dejado de tener sentido. Las cuestiones centrales de la política europea ya no tienen que ver con la ampliación de la UE, la integración y la independencia nacional; tienen que ver, sobre todo, con la defensa de la libertad europea y la preservación de los valores comunes.
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