La OEA en la encrucijada
Por Rubén M. PerinaAnalista internacional y exfuncionario de la OEA La reciente Asamblea General de la OEA en Antigua y Barbuda no sólo reveló los desafíos cruciales, sino los existenciales que enfrenta. Casi todos los discursos pronunciados fueron más bien retóricos ...
Por Rubén M. Perina
Analista internacional y exfuncionario de la OEA
La reciente Asamblea General de la OEA en Antigua y Barbuda no sólo reveló los desafíos cruciales, sino los existenciales que enfrenta. Casi todos los discursos pronunciados fueron más bien retóricos y sus resoluciones de imposible cumplimiento, excepto quizás por la referente a Haití. Una de las resoluciones aprobadas unánimemente, “Impulsando iniciativas hemisféricas en materia de desarrollo integral,” refleja el lema de la reunión: “Construyendo economías resilientes e inclusivas en las Américas”. Ella exhorta a la OEA a fortalecer su cooperación para el desarrollo en todas sus dimensiones.
La resolución “Hacer frente a la grave crisis de salud mental en las Américas” también tuvo el apoyo unánime de la asamblea. Ambas contienen agendas imposibles de cumplir por la escasez de recursos. Pero su aprobación manifiesta la influencia y los intereses prioritarios del Caribe en la OEA —que no son necesariamente la preocupación por la erosión o la promoción de la democracia en América Latina—.
Por su parte, los estados latinoamericanos celebraron el lema del encuentro y apoyaron las resoluciones mencionadas; valoraron el multilateralismo y la relevancia de la OEA como foro de diálogo y cooperación; y propusieron fortalecerla como garante de los derechos humanos, la democracia y sus procesos electorales. Pero llama la atención el silencio de la mayoría ante el colapso de la democracia y la flagrante violación de los derechos humanos en Cuba, Nicaragua y Venezuela. Sólo Argentina, Costa Rica, Canadá, EU, Jamaica y Paraguay expresaron su preocupación por tales situaciones. Costa Rica calificó la omisión como un acto de “pasividad e indolencia”.
Sin embargo, el discurso del vicesecretario de estado, Christopher Landau, se destacó por su franqueza, quien expresó el compromiso de su país con la OEA, pero anunció que está evaluando la relevancia de ésta para los intereses de su país, como lo están haciendo con otros organismos internacionales. Según Landau, se evaluará qué hace la OEA más allá de la retórica, en respuesta al fraude de la tiranía venezolana y su amenaza a la integridad territorial de Guyana, o lo que hará respecto a la crisis haitiana. Aseveró que si la OEA es renuente a jugar un papel constructivo y contundente para enfrentar esos desafíos, habría que preguntarse para qué existe. Quedó implícito el aviso de que, si ese fuese el caso, Estados Unidos podría dejar de pagar su cuota o podría retirarse de la organización. Se sabe que EU pretende reducir su aporte financiero a la OEA, y que se reduzcan y adecuen sus innumerables mandatos a los recursos existentes.
Sobre Haití, la Asamblea aprobó por unanimidad el “Llamado a la aplicación urgente de soluciones concretas para resolver la grave crisis institucional y de seguridad en Haití”, con el cual se solicita al secretario general la preparación de un plan integral con énfasis en la restauración de la seguridad y en la obtención de financiamiento y de los recursos militares y policiales internacionales requeridos para empezar a solucionar la crisis en ese estado fallido. La pregunta es, sin embargo, quiénes, cuánto y cómo contribuirán a la iniciativa.
Por su parte, el secretario general, Albert Ramdin, afirmó su compromiso con los cuatro pilares de la organización: democracia, seguridad, desarrollo y derechos humanos. Prometió una nueva modalidad de cooperación, en vista de la escasez de recursos para atender las múltiples demandas de cooperación.
Se propone buscar una asociación estratégica con instituciones regionales como el BID, el IICA y la OPS, así como con el sector privado, organizaciones ciudadanas y con observadores permanentes. También se propone reorganizar la Secretaría General para hacerla más ágil y efectiva; buscará así reducir trámites burocráticos y silos programáticos, alinear la estructura burocrática y el financiamiento con las prioridades estratégicas; mejorar la coordinación y la comunicación intersecretarias, y establecer mecanismos de diálogo y consulta permanente con los cuerpos gobernantes.
Los estados miembros y el secretario general enfrentan desafíos determinantes para la sobrevivencia y fortalecimiento de la OEA, de ello depende el futuro de la organización. Si se paraliza y se vuelve irrelevante o, se reforma, fortalece y continúa siendo el principal organismo para el diálogo, la solidaridad y la cooperación para la paz, la seguridad, el desarrollo y la democracia en el hemisferio.
