La intelectualidad orgánica

La intelligentsia raciclasista neoliberal era y sigue siendo profundamente antimexicana y aborrece la raíz indígena de nuestro país.

Por Fadlala Akabani

  • La intelligentsia raciclasista neoliberal era y sigue siendo profundamente antimexicana y aborrece la raíz indígena de nuestro país.

Utilizado por López Obrador como un eufemismo sarcástico en alusión a la comentocracia que se erigió en torno al régimen neoliberal (1988-2018), el término de “intelectual orgánico" que, pese a tener una categorización teórica distinta para Antonio Gramsci, en México ha adquirido el significado opuesto al planteado por el socialista italiano, quien distinguió dos categorías de intelectual: el intelectual tradicional que defiende siempre la tradición, atado al statu quo, retrógrado y conservador; y el intelectual orgánico, que orgánicamente se compromete con el cambio y la nueva hegemonía, según Gramsci, es este tipo de intelectual el que expresa las necesidades del pueblo trabajador y le ayuda a articular la organización de sus intereses.

Allende la digresión de la teoría sociológica del concepto, las palabras poseen no sólo un significado, sino también un significante; es decir, un objeto o circunstancia en el mundo real al que podemos asociar un concepto, o sea, el significado. Para el caso mexicano, el término de intelectual orgánico se refiere conceptualmente a aquellos académicos (de credenciales dudosas o poco claras, por decirlo suave), investigadores, científicos y sociales, que desde el usufructo del presupuesto público vieron crecer sus publicaciones y casas editoriales a cambio de la justificación “intelectual” del neoliberalismo. Continuando el análisis en términos lingüísticos de la intelligentsia mexicana, en este caso, el concepto o significado de intelectual orgánico suele recaer en personajes como Enrique Krauze, Carlos Aguilar Camín, María Amparo Casar, Leo Zuckermann, et al; es decir, los significantes. Quizá el propio Gramsci nos explicaría que la transmutación del concepto de intelectual orgánico se debe a la capacidad de López Obrador y la 4T para establecer una nueva hegemonía social, cultural y política.

Bajo la coyuntura actual en nuestro país, los intelectuales orgánicos se estructuran en torno a la coalición del vulgar interés burocrático-partidista de sobrevivir en el sistema y conservar prebendas presupuestarias cada vez más pequeñas, el amasijo autodenominado Frente Amplio por México, una pobre puesta en escena que, tras bambalinas, es un mezquino acuerdo cupular entre los partidos del viejo régimen y su nueva dirección, un pseudoempresario de muy pocas luces y nula experiencia política que recibe financiamiento y, en consecuencia, órdenes directas de Washington, Claudio X. González.

Muy lejos de la evolución que ha tenido el grado de politización del pueblo de México, que es cada vez mayor desde el apabullante triunfo de López Obrador en 2018, la oposición, en términos concretos, no ha sido capaz de apreciar que, en menos de tres años de construcción y sólo dos de operación, el AIFA es un aeropuerto de talla internacional, que ya detenta la Categoría 1 de Seguridad Aérea; que inaugura vuelos internacionales con cada vez más líneas en operación; que conectará con la Ciudad de México a partir de un tren de cercanías y que será la sede principal de la nueva aerolínea nacional, porque hubo una administración con la voluntad política y la capacidad de gestión para construir una infraestructura que será motor de desarrollo. No, ellos, los opositores, siguen con un absurdo berrinche detonado por haber perdido el aeropuerto neoliberal de Peña Nieto, una alegoría al saqueo, al desprecio por el medio ambiente y al aspiracionismo vulgar.

De cara al 2024, el escenario es realmente poco alentador, pues estos personajes, los intelectuales orgánicos del viejo régimen, viven alienados de la realidad nacional; María Amparo Casar maneja una “data” electoral que deriva en conclusiones insensatas, como aseverar que en las elecciones de 2021, 2022 y 2023 la oposición cuenta con mayor número de votos que la coalición morena, PT, Verde. En la misma tesitura, Aguilar Camín levanta el pecho para ufanarse del “fenómeno político” Xóchitl Gálvez y se relame los bigotes en base a una autopercibida condición de ventaja narrativa de cara a la elección presidencial, por parte de quien parece ser la oligarquía y Washington han decidido usar como títere para enfrentar a un gobierno y a un movimiento soberano, nacionalista, mexicanista y popular. Bien cabe señalar que parte de esa intelectualidad ha abandonado el naufragante barco de la oposición mezquina y moralmente derrotada, se trata quizá del sector que contaba con el mejor prestigio, encabezada por Sergio Aguayo, quien decidió no formar parte del Comité Electoral Ciudadano, órgano interno de la coalición PRI, PAN, PRD.

Ahora, la intelectualidad del viejo régimen derrama una verborrea —hasta hoy poco conocida— en favor, vaya, casi hasta en reivindicación de la condición social de marginalidad como un factor a considerar para hacerse con espacios de decisión trascendentales en la vida pública nacional. Avanzando un poco más, la intelligentsia raciclasista neoliberal era y sigue siendo profundamente antimexicana y aborrece la raíz indígena de nuestro país, hoy se pretende y cada vez con más fuerza volcará un discurso falso y de tinte telenovelesco que proclamará un hipócrita orgullo popular, indígena y nacional; pues no lo creen realmente, pero, en términos gramscianos, la hegemonía del discurso político está dominada por los principios de la 4T; es decir, la genuina reivindicación social, económica y política del pueblo de México.

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