El pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos en tiempos de Trump
Por Fenando Aguirre* Para no cometer los mismos errores es necesario conocer nuestra historia, se nos repite continuamente por las mañanas hasta el cansancio. La historia siempre escrita por los vencedores nos recuerda pese a todo, pasajes dolorosos que dejan huella y ...
Por Fenando Aguirre*
Para no cometer los mismos errores es necesario conocer nuestra historia, se nos repite continuamente por las mañanas hasta el cansancio. La historia —siempre escrita por los vencedores— nos recuerda pese a todo, pasajes dolorosos que dejan huella y que, difícilmente, olvidamos a pesar del tiempo, uno de ellos es la pérdida de más de la mitad del territorio mexicano frente a Estados Unidos.
Partiendo desde este trauma con el vecino del norte, la relación intensa y difícil, aunque por supuesto también benéfica en muchos aspectos, no la ha eximido de pasar momentos turbios, álgidos y de desconfianza.
Es inexorable que, siendo vecinos y existiendo una relación tan profunda, los presidentes de Estados Unidos y México deban tener un acercamiento. Los han existido en el pasado, los tiene que haber en el presente y los habrá en el futuro porque la vecindad, y con ello los lazos, nunca cambiará y es indisociable; de ahí que la atribuida frase a Porfirio Díaz, “pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”, tenga eco permanentemente para recordárnoslo.
La misma historia le puede dar lecciones al presidente López Obrador de cómo prepararse a lo que quizás sea una posible embestida o un encuentro cordial —que lo dudo—, pero, sobre todo, evitar un tropezón y desaciertos en su próxima reunión con Donald Trump en Washington.
La revisión histórica de encuentros entre mandatarios podría comenzar desde la primera vez que se dio este intercambio que data de octubre de 1909, entre Porfirio Díaz y William H. Taft, hasta recordar las últimas reuniones entre Donald Trump y Peña Nieto.
Y, justamente, debería centrarse en estos últimos porque es con el actual inquilino de la Casa Blanca con quien va tratar y del que mucho se ha escrito sobre su actuar frente a los mandatarios de diferentes países.
Es importante tomar en cuenta desde el primer handshake (saludo), un momento incómodo por el que han pasado los mandatarios o políticos que se reúnen con Trump. Recordemos que, como una forma de supremacía, el Presidente americano gusta de dar un fuerte y largo apretón de manos que aparenta doblegar a su contraparte; de este episodio sobresale el desastroso saludo a Shinzo Abe, de Japón, y el bloqueo efectivo que evitó el primer ministro canadiense, Justin Trudeau.
Uno de los espacios favoritos del presidente Trump para arremeter e imponerse a sus anchas es durante las conferencias de prensa. Recordemos cuando Donald Trump visitó nuestro país, todavía como candidato en 2016, y tras su narrativa de querer construir un muro en la frontera y que nuestro país se lo pague, además de la renegociación del acuerdo comercial, se le invitó con el propósito de entablar un diálogo y construir una relación con él. El resultado de la conferencia conjunta fue desastroso y fuertemente criticado por la opinión pública, pues irreverente como es, confirmó —en tono moderado— delante del expresidente Peña Nieto, lo que los mexicanos no querían escuchar; la posición del entonces presidente mexicano fue calificada como tibia.
Un episodio similar se vivió tiempo después, ya como presidente, Donald Trump y Enrique Peña se volvieron a reunir en el marco de la Cumbre del G20, celebrada en Hamburgo, Alemania. En aquel encuentro en el que se revisaron los avances en temas como migración, seguridad y desarrollo económico, culminó —como marcan los protocolos— en un mensaje a los medios; todo iba bien y casi al punto de despedirse, un medio americano soltó una pregunta al aire: ¿Todavía quiere que México pague por el muro?, a lo que Trump asintió con un “absolutamente”. La declaración pasó inadvertida para la comitiva mexicana, pero no así para los medios que destacaron el hecho.
Nada está escrito con Trump, evidentemente se encuentra en campaña para reelegirse por cuatro años más y en su retórica continúa el tema de la construcción del “muro”, un asunto que no deja de agraviarnos cada vez que se trata; y quizás, este encuentro con el presidente López Obrador sea, nuevamente, una oportunidad de oro cómo se le dio como candidato en el 2016, para arremeter y no defraudar a su electorado con el fin último de remontar en popularidad y lograr su cometido.
No olvidemos que de las reuniones entre los mandatarios de México y Estados Unidos han salido acuerdos como el TLCAN, en épocas de Salinas de Gortari; órdenes, como el famoso, “comes y te vas”, que transmitiera Fox a Fidel Castro, pero también costos políticos, como el caso de Peña Nieto. ¡Veremos qué acontece de la del 8 y 9 de julio próximos!
