El nuevo inquilino de la Casa Rosada

En la elección del pasado domingo, la participación fue del 82%,lo que confirma el compromiso de la ciudadanía con su sistemaelectoral y su democracia.

Por Alejandro Guerrero Monroy

El triunfo de Alberto Fernández, quien no necesitará de una segunda vuelta electoral, al obtener un 48% frente al 40.5% del presidente Mauricio Macri, obliga a mirar al futuro y reparar en los siguientes pasos que deberá dar el nuevo gobierno para dar de alta de terapia intensiva a la economía argentina, donde se encuentra desde hace algunos meses.

Después de la transmutación política surge la trasmutación económica. La nueva estrategia económica contempla bajar las tasas de interés, alentar el consumo interno y activar el crédito. No obstante, el continuo fantasma de inflación persiste en manifestarse fortalecido en un país con el alza de precios más alta de todos los países de América.

Tan sólo en septiembre fue de 53.5% y la acumulada en 2019 se prevé en casi un 40 por ciento.

El panorama no es alentador y “los años por venir serán muy difíciles”, ha advertido el nuevo gobierno. La tasa de desempleo supera el 10%, alrededor de 3 millones de argentinos cayeron en la pobreza y las reservas internacionales –imprescindibles para contener la depreciación de su peso– han disminuido aceleradamente a históricos de 43 mil millones de dólares.

Para cuidar las reservas, el Banco Central ha optado por una decisión sin precedente el pasado lunes: que los argentinos no podrán comprar más de 200 dólares mensuales –antes el límite era de 10 mil dólares– y “permitir al próximo gobierno contar con más libertad para diseñar su política económica”.

Es así como se vaticina que la economía será regida desde la Casa Rosada.

En medio del escollo destaca la institucionalidad de la democracia argentina.

En la elección del pasado domingo, la participación fue del 82%, lo que confirma el compromiso de la ciudadanía con su sistema electoral y su democracia.

Miles de argentinos, de manera ejemplar, votaron a distancia y se tuvieron récords históricos de asistencia.

En ciudades como Miami, Madrid y Santiago de Chile asistieron miles de ciudadanos para votar por presidente y vicepresidente, así como para diputados y senadores nacionales correspondientes al distrito del último domicilio registrado.

Tan sólo en Madrid se inscribieron 28,831 argentinos para sufragar y hasta en Suiza, donde la colonia argentina es menos numerosa, se formaron largas filas para votar.

El voto de los argentinos en el extranjero fue en su mayor parte para Macri y su coalición Juntos por el Cambio.

Por primera vez se entrevé una transición “suave”, pactada y ordenada. El presidente Mauricio Macri y el electo Alberto Fernández –cuyas diferencias políticas, ideológicas y hasta personales son evidentes– se han reunido y han consensuado las nuevas medidas financieras adoptadas, así como el proceso institucional de cambio de poderes. El tiempo apremia, los ciudadanos esperan resultados y el crítico contexto económico así lo exige.

Políticamente, presidente entrante y saliente están satisfechos, finalmente el primero ha logrado obtener la Presidencia en primera vuelta y logra que el peronismo regrese a la Quinta de los Olivos, mientras que el segundo se erige en una oposición fuerte.

Macri continúa de pie y mantiene a su grupo político en el Congreso.

El actual presidente será el responsable del timón en la tormenta hasta el relevo el 10 de diciembre. El “matrimonio” del país austral con el Fondo Monetario Internacional –como lo ha definido José Luis Rodríguez Zapatero–  transitará a una nueva etapa de entendimiento y colaboración mientras que en la Casa Rosada se espera de nueva cuenta a un inquilino peronista.

En suma, como lo señala Francisco Guerrero, secretario para el Fortalecimiento de la Democracia de la OEA, “las respuestas al descontento de la gente están en una nueva democracia que trascienda el relevo natural de partidos y candidatos, y se enfoque en un nuevo pacto social, que se concentre en reducir la desigualdad y la pobreza”.

Los ciudadanos argentinos tuvieron la última palabra y decidieron en democracia el rumbo de su nación.

Bien dice el tango de Luis Roldán: Igual que en pos de una esperanza, que al lograrlo todo se alcanza.

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