El déficit de confianza de la economía estadunidense

Por Michael Spence MILÁN. Mientras las fuentes oficiales y la prensa destacan los buenos datos sobre el empleo y el gasto de los consumidores en Estados Unidos, o ensalzan las altas cotizaciones bursátiles, más de tres de cada cuatro estadunidenses consideran que la ...

Por Michael Spence

MILÁN.— Mientras las fuentes oficiales y la prensa destacan los buenos datos sobre el empleo y el gasto de los consumidores en Estados Unidos, o ensalzan las altas cotizaciones bursátiles, más de tres de cada cuatro estadunidenses consideran que la situación económica es mala (36%) o regular (41%). Esta desconexión entre los indicadores y la percepción puede tener amplias consecuencias, y ya contribuyó al triunfo de Donald Trump en la elección presidencial del mes pasado. ¿Cuáles son sus razones?

Aquí puede ser útil analizar la respuesta de los actores del mercado a las asimetrías de información, es decir, cuando una de las partes está más informada o mejor informada que las otras. Imaginemos a una persona que quiere comprar algo. La información sobre las alternativas disponibles que puede obtener mediante la observación directa es limitada. De modo que tomará una decisión basada en sus creencias en relación con esas alternativas, que extienden los hechos discernibles con la inclusión de otras características que no ve o que espera que sean ciertas. Pero el proceso no termina al completarse la transacción, sino que le sigue la observación. En los modelos de señalización y selección que usan los economistas las decisiones de una multiplicidad de agentes cubren los faltantes de información y llevan a un equilibrio: las creencias de las que depende la demanda producen elecciones de los ofertantes que resultan compatibles con esas creencias. Pero en nuestra economía la observación no siempre es posible.

Cuando la verificación personal es impráctica o imposible, confiamos en fuentes de información intermediarias, pero para que éstas puedan cubrir los faltantes de información, tienen que ser dignos de confianza. Una encuesta que realizó Gallup en 2023 mostró que la fe en las instituciones (desde los medios de comunicación hasta el gobierno) ha alcanzado mínimos históricos en EU. ¿Por qué los estadunidenses no confían en las instituciones que supuestamente deberían ayudar a subsanar los faltantes de información? Una parte de la respuesta puede hallarse en la presentación de noticias optimistas sobre la marcha de la economía. Los datos sobre distribución de la renta pueden ayudar a esclarecer esa realidad. La crisis financiera global de 2008 asestó un duro golpe a los balances de 50% inferior de la distribución, que en 2010 sólo poseía 0,7% del patrimonio neto total de los hogares. Luego vino una recuperación parcial, pero la pandemia de covid-19 y el posterior repunte inflacionario generaron nuevas dificultades. Hoy, más de la cuarta parte de los hogares en EU gasta más de 95% de sus ingresos en cubrir necesidades básicas. Este año, el patrimonio neto total llegó a 154 billones de dólares, de los que 3.8 billones correspondió al 50% inferior de la distribución. El 10% superior posee dos tercios de toda la riqueza de los hogares de EU, y el 90% inferior se reparte el tercio restante. Resulta comprensible que haya motivos para desconfiar de fuentes que presentan un relato económico optimista que no se corresponde con su experiencia.

Cuando las creencias se desvinculan de las fuentes de información tradicionales, el espacio queda abierto a las alternativas (que pueden ser poco fiables). Internet facilita y complica este proceso, ya que brinda acceso a un gran número de fuentes no verificadas. Y el resultado puede ser muy polarizador. El impacto de las redes sociales en la conducta de la gente todavía es objeto de investigación, pero ya es evidente que plataformas como Facebook, X  y TikTok se han convertido en poderosos mecanismos para la formación de colectivos. Y es un proceso que se retroalimenta: las personas eligen un grupo basándose, en parte, en el hecho de compartir creencias, y luego el grupo influye en las creencias de los miembros. Y, para muchos, algunas creencias controvertidas son un mecanismo de selección que permite verificar la conformidad de los miembros del grupo con unos “hechos” compartidos.

En este contexto, se vuelve extremadamente difícil recuperar una percepción básica compartida de la realidad que sirva de fundamento a la política económica. Desafío que se agrava por la marcada divergencia entre las experiencias económicas de los estadunidenses, que tiene sus raíces en una desigualdad creciente en la distribución de la riqueza y en muchos otros padecimientos, entre ellos, el encarecimiento de la atención médica y de la educación universitaria.

Traducción: Esteban Flamini

Copyright: Project Syndicate, 2024.

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