El culto a los héreos
Por Luis Maldonado Venegas* Hoy que avanzamos en las efemérides del mes de la patria, invito como lo hice en la ocasión del Bicentenario de nuestra Independencia, hace ocho años, a recrear con imaginación, la gran marcha ascendente de nuestro pueblo, la visión del ...
Por Luis Maldonado Venegas*
Hoy que avanzamos en las efemérides del mes de la patria, invito como lo hice en la ocasión del Bicentenario de nuestra Independencia, hace ocho años, a recrear con imaginación, la gran marcha ascendente de nuestro pueblo, la visión del paso de todas las generaciones que nos han precedido, la congregación de todas las mujeres y los hombres precursores desfilando ante nosotros, nuestros mártires y caudillos, nuestros héroes anónimos y nuestros héroes epónimos; líderes sociales, guías y maestros, los antecesores de nuestra historia personal y colectiva.
¿Qué nos dirían si pudiéramos encararlos; qué enseñanzas nos impartirían; qué reproches nos formularían? No lo sabemos por más que lo intuimos, pero lo que sí está a nuestro alcance es volver las páginas de la historia para extraer la experiencia y sabiduría de nuestros antepasados. Hoy todas esas generaciones, seres y espectros, espíritus y sombras, se congregan… para recordar nuestro origen como nación libre e independiente.
Hace poco más de 178 años, durante el mes de mayo de 1840, el historiador, crítico social y ensayista escocés Thomas Carlyle, definió que la historia del mundo es la biografía de los grandes hombres. Lo hizo en el curso de seis conferencias que resumió (y publicó en 1841) en el libro El culto a los héroes, a pesar de las críticas de quienes vieron en esta obra ideas irreverentes respecto de las tesis humanistas y sociales de la Revolución Francesa (1789-1799).
Las seis conferencias de Carlyle, todas efectuadas en mayo de 1840, fueron: 1) El héroe como divinidad: Odín. El paganismo: mitología escandinava. 2) El héroe como profeta. Mahoma: el islamismo. 3) El héroe como poeta. Dante. Shakespeare. 4) El héroe como sacerdote. Lutero. La Reforma. Knox. El puritanismo. 5) El héroe como literato. Johnson. Rousseau. Burns y 6) El héroe como rey. Cromwell. Napoleón. Revolucionismo moderno.
Como podrá advertir el lector, los meros enunciados nos asoman a una época convulsa del siglo XIX, en la que se manifestaba la confrontación, a veces violenta, de por lo menos dos ideologías en la religión, en la literatura, en las monarquías, en el ejercicio del poder.
Puede decirse que, en el caso de nuestro país, los héroes mexicanos son de otra naturaleza: surgieron de la violencia derivada de la lucha por la Independencia: Miguel Hidalgo, José María Morelos, Ignacio Allende, Josefa Ortiz de Domínguez, Vicente Guerrero y muchos más.
La guerra de Reforma en todas sus facetas, nos deja el heroísmo de toda una pléyade de grandes mexicanos: Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada, Juan Álvarez, Ponciano Arriaga, Ignacio Comonfort, Mariano Escobedo, Valentín Gómez Farías, Miguel Lerdo de Tejada, Melchor Ocampo, Guillermo Prieto, Ignacio Zaragoza, José María Iglesias, José María Luis Mora, Leandro Valle, Ignacio Ramírez, Epitacio Huerta, Manuel Doblado. Anastasio Parrodi, Manuel Payno, José María Lafragua, Gabino Barreda y Luis Mora, entre muchos otros, sin olvidar a Narciso Mendoza, El Pípila, y la inolvidable lección de los niños héroes el 13 de septiembre de 1847.
Ni qué decir de la Revolución de 1910. Al igual que en todas las etapas de su vida independiente como nación, la historia de México siguió nutriéndose de próceres como Francisco I. Madero, Venustiano Carranza, Felipe Ángeles, Emiliano Zapata, Francisco Villa.
Héroes epónimos: famosos, reconocidos y merecidamente dignos de homenaje.
También tenemos héroes anónimos, de antaño y de hoy, cuyos actos cotidianos llevaron y llevan alivio a la congoja de millones de compatriotas. Merecen un lugar en la historia cívica, para orgullo de México.
Suelen ser voluntarios o servidores públicos que recorren comunidades rurales, montañas, desiertos o selvas para llevar aliento y esperanza a compatriotas en desdicha.
Me atrevo a suponer, como muchos, que este fue el flanco vulnerable de Thomas Carlyle en El culto a los Héroes: los héroes no están solamente en la grandeza de los autores de hazañas prodigiosas, sino en el quehacer diario de seres humanos comunes en el aula, en la parcela, en el hogar, en nuestros líderes sociales, en guías y maestros antecesores de nuestra historia personal y colectiva.
*Presidente de la Academia Nacional de Historia y Geografía de la UNAM
